La Leyenda de Ochi, combinación de cine a la antigüita con el cine digital

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Del director Isaiah Saxon, la Leyenda de Ochi se desarrolla en una remota isla ficticia del Mar Negro donde los campesinos viven con miedo de una especie de criaturas simiescas conocidas como Ochi. Desde jóvenes, los niños son enseñados a odiarlas por hombres como Maxim (Willem Dafoe), que lideran expediciones para cazarlos bajo la justificación de que perdió a su esposa por culpa de estos seres.

Cuando su hija, Yuri (Helena Zengel) rescata a un bebé de la especie y descubre que no son malos en realidad, decide escapar para devolverlo con su familia, desatando una persecución que desafiará lo que la comunidad sabe sobre las criaturas.

El director crea un mundo anclado en cierto realismo, pero con colores, montañas y brumas imposibles que lo acercan a los terrenos de la fantasía. Los Ochi, creados alternando entre marionetas reales y modelos digitales además de su propio lenguaje fonético, se sienten tan vivos y originales como las mejores criaturas de Star Wars.

Esta película combina el cine “a la antigüita” con el cine digital, creando lo que bien podría existir en el canon junto a E.T., el extraterrestre (1982), La historia sin fin (1984) o Regreso a Oz (1985), e incluso ser para una nueva generación lo que éstas fueron en su tiempo. Es decir: fábulas de una escala narrativa mucho menor a los multiversos y destrucciones planetarias híperedulcoradas de hoy, pero que encantan por su prodigioso trabajo artesanal, a la vez tan vivo y tan obviamente artificial.

Aunque Saxon entrega una pieza encantadora para los ojos, no hay demasiada sustancia detrás. Ya dice mucho que el elenco luce a cuatro nombres que se sienten como un exceso. Finn Wolfhard (Stranger Things) sale sobrando en un guion que, en realidad, trata sobre una joven reafirmando su autonomía frente a sus padres, y en particular frente a la intolerancia y xenofobia de su comunidad. Un mensaje importantísimo, sin duda, si tan solo no fuera abordado tan superficialmente.

Willem Dafoe y Finn Wolfhard en la película La leyenda de Ochi, de Isaiah Saxon.

Lo cierto es que tampoco hay un peligro real que podría esperarse de una aventura para ver en familia, sino que la tensión viene de los conflictos padre-hija. Sin embargo, mucho de ello queda entre líneas o sin desarrollar, para ser intuido únicamente por el espectador adulto que, más allá de exprimir un poco de jugo a tales sutilezas, no encontrará mucha más sustancia.

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