Después de un sismo, la incertidumbre es inmediata: ¿mi casa es segura?, ¿puedo regresar a trabajar?, ¿los niños pueden volver a clases? En medio del temor y la confusión, muchos buscan respuestas rápidas. Sin embargo, no siempre es fácil distinguir entre un daño superficial y un riesgo estructural real.
En México, un país con alta actividad sísmica, aprender a leer las señales que deja un temblor no es un lujo: es una necesidad. Por ello, el Instituto de Ingeniería de la UNAM, en colaboración con el Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa INIFED y otras instituciones, elaboró una serie de guías técnicas para evaluar y rehabilitar inmuebles. Aunque están enfocadas en escuelas, sus recomendaciones también son útiles en viviendas, oficinas y comercios.
A partir de estos documentos —como el Manual de Campo para la Evaluación Postsísmica de la Infraestructura Educativa y la Guía Técnica para la Rehabilitación Sísmica— aquí se presenta una guía práctica y científica de lo que sí puede observarse para saber si un edificio está en riesgo.
No todas las grietas son iguales. Las más peligrosas son aquellas que atraviesan los muros en diagonal, especialmente si están en muros de carga. Indican que la estructura absorbió movimientos de torsión o fuerza lateral. Si estas grietas llegan a esquinas, bordes de ventanas o puertas, puede ser señal de daño severo.
Separación entre elementos estructurales
Si después del sismo se observa que muros ya no se unen con techos, columnas o losas, o si hay espacios donde antes no los había, el inmueble puede haber perdido su integridad estructural. También es común ver desprendimientos entre muros y escaleras, una situación de alto riesgo.
Columnas inclinadas o agrietadas
Las columnas son los pilares de un edificio. Una columna visiblemente inclinada, con grietas verticales o desprendimiento de recubrimiento, podría estar al borde del colapso. Esto es motivo inmediato para evacuar y reportar a Protección Civil.
Escaleras fracturadas o separadas del edificio
Una escalera que se ha desplazado, agrietado o separado del resto de la estructura indica que el edificio tuvo deformaciones importantes. Esto representa riesgo para la circulación y puede indicar movimientos graves en los entrepisos.
Deformaciones en marcos, puertas o ventanas
Si una puerta ya no cierra o una ventana está trabada después del sismo, puede ser señal de que el marco se ha deformado. Aunque parezca menor, podría evidenciar movimientos internos en el esqueleto del edificio.
Fisuras en techos, plafones y losas
Los techos con grietas extensas, ondulaciones o crujidos al caminar son motivo de revisión. El manual recomienda prestar atención especial a las losas de entrepiso, ya que su falla es crítica para la estabilidad del edificio.
Daños en elementos no estructurales
Canceles, vidrios, plafones, lámparas colgantes o ductos que se hayan desprendido representan un riesgo para los ocupantes, aunque no afecten directamente la estructura. Son la causa más común de lesiones en escuelas y oficinas.
¿Quién debe hacer la revisión?
Los manuales de la UNAM son enfáticos: nunca debe ingresarse a un edificio dañado sin la autorización de una persona especializada. La revisión estructural debe estar a cargo de ingenieros estructuristas capacitados, con formación en evaluación postsísmica. Las evaluaciones se hacen en tres niveles: