Compras compulsivas en línea… ¿una adicción virtual?

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¡Encarga y carga a la tarjeta! A poner todo en el carrito de compras y pagar a meses sin intereses. Los beneficios y perjuicios resultantes están a unos clics de distancia, pero si tenemos una adicción a las compras en línea los segundos superan por mucho a los primeros, como enseguida tendremos oportunidad de examinar.

Cuando comprar (compulsivamente) no es parte de tu vida (sana)

Descontando a quienes forman parte de alguna comunidad que aún vive de la caza, la pesca y la agricultura de subsistencia (y que probablemente no están leyendo este texto), comprar es indispensable para vivir.

Para mucha gente es, además, una actividad placentera (casi sexual), sobre todo cuando tiene dinero suficiente para hacerlo. Pero para un pequeño (aunque creciente) porcentaje de personas se vuelve un comportamiento dañino debido a la falta de autocontrol que las lleva a gastar más de lo que pueden, a adquirir más de lo que necesitan y, peor aún, a no desear realmente nada de lo que ponen en el carrito.

Una revisión de estudios publicada en la revista Addiction en 2016 estima que una de cada 20 personas ha caído, al menos en alguna etapa de la vida, en la tentación de adquirir artículos inútiles por la pura satisfacción de tenerlos y sin importar que luego no pueda pagar sus deudas.

En 1915 el psiquiatra Emil Kraepelin describió por vez primera el síndrome del comprador compulsivo o la adicción a las compras, y propuso el más elegante término de oniomanía (del griego onios, “en venta”, y manía, “furia” o “locura”, en el sentido de trastorno mental); se refería a los afectados, de forma algo menos elegante, como compradores maniacos. A la fecha, especialistas en psicología y psiquiatría continúan discutiendo los criterios de diagnóstico para personas cuyo comportamiento impulsivo, repetitivo y extremo a la hora de comprar requiere ayuda médica, y aún no determinan si puede catalogarse como una auténtica adicción. Lo cierto es que las nuevas plataformas de comercio electrónico, y en particular la cuarentena por COVID que nos llevó a descubrirlas y visitarlas, trajeron consigo la aparición de una variante aumentada de las compras compulsivas: la adicción a las compras en línea (término introducido en 1998).

Desde su creación, lugares como Amazon, Shein y Temu han desencadenado un incremento mundial en el número de personas “comprahólicas”, especialmente mujeres jóvenes (Journal of Behavioral Addictions, 2014). Los estudiosos de este fenómeno atribuyen la diferencia de género a una mayor presión social y cultural por verse bien y mantenerse al día con las últimas tendencias, no sólo en accesorios de belleza y moda sino también en tecnología, nutrición, actividades deportivas y recreativas y, en general, en todo lo que sea de su interés (Information Sciences Letters, 2023).

Para las personas adictas a las compras en línea la alegría de recibir sus paquetes viene acompañada de culpa, vergüenza, arrepentimiento y desesperación. Para enfrentar esta marejada de emociones esconden o ignoran sus compras, tras lo cual suele predominar la tristeza (Clinical Psychology and Psychotherapy, 2009). Tratándose de estudiantes, al deterioro de la salud mental se agrega típicamente el descuido de actividades escolares y un peor desempeño académico (Frontiers in Psychology, 2025).

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