Mi amigo imaginario, la ansiedad de tenerlo

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Bea es una niña que está atravesando un difícil momento: su mamá falleció, su papá está hospitalizado y su abuela se encarga de cuidarla. Durante estos días, la pequeña comienza a ver amigos imaginarios que la ayudan a sobrellevar la situación

Esta es la trama de la película Amigos Imaginarios, pero en la realidad, muchos niños enfrentan situaciones similares. Entonces, ¿qué tan real es esto? ¿Estos seres salidos de la mente de los niños pueden realmente ayudarles a enfrentar situaciones difíciles?

Según Margaret Svendsen, el amigo imaginario es un personaje con quien el niño juega durante unos meses y sobre el cual tiene control, pero no tiene una base objetiva. Así lo explicó María Teresa Mojaras Rodríguez, académica e investigadora de la Facultad de Psicología de la UNAM, en una entrevista para UNAM Global.

El estudio de los amigos imaginarios comenzó en el siglo XIX, cuando se investigó a niños huérfanos que vivían en casas hogar, y se descubrió que la mayoría de ellos tenían amigos imaginarios.

Inicialmente, se pensaba que estos amigos surgían como una defensa ante la carencia afectiva o el abandono. Posteriormente, se detectó que también aparecían en situaciones normales.

María Teresa Mojaras Rodríguez mencionó que existen dos explicaciones para los amigos imaginarios: a nivel cognitivo y clínico.

Cognitiva

Los niños, entre los dos y siete años, están en proceso de comprender la realidad y la fantasía. En esta etapa, son muy egocéntricos y creen en cualquier fantasía. Por ejemplo, si su papá les dice “ahí está el señor del costal y te va a robar” o “ahí viene el monstruo y te comerá”, ellos piensan que es real.

Así, para entender el mundo adulto, el niño crea al amigo imaginario, que está asociado a la creatividad y a la comprensión de las emociones. Regularmente, les atribuyen características y situaciones, estresantes o no. Esto les ayuda a pasar por estos procesos y a comprender las emociones.

De acuerdo con Winnicott, esta es una explicación psicoanalítica que trata sobre el objeto transicional. Este objeto permite al niño separarse de las figuras parentales y afrontar la ansiedad que implica dicha emancipación. Por ejemplo, el personaje de Charlie Brown, Linus, que siempre lleva su “mantita”, funciona de la misma forma que un amigo imaginario.

Los amigos imaginarios pueden ayudar a afrontar una pérdida o alguna situación adversa. En algunos estudios, se compararon niños que tenían amigos imaginarios con aquellos que no los tenían; el resultado fue que los primeros tenían mucha más creatividad e inteligencia para cuestiones artísticas. Sin embargo, esta es solo una hipótesis; faltarían más estudios en diferentes contextos y poblaciones.

Los niños saben que no es real, pero cuando están con su invención se sienten tranquilos, tienen el control sobre la situación y les atribuyen las características y el nombre que desean.

El amigo imaginario es normal entre los dos y siete años, y algunos casos se extienden hasta los ocho años, aunque ya no es tan frecuente, explicó la investigadora universitaria.

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