¡Tarde de películas! Enciendo la televisión y abro mi servicio de streaming favorito. Navego un poco en el amplio catálogo y encuentro una película de terror protagonizada por vampiros. ¡Esa es la elegida! La trama es buena, así que le pongo pausa para rellenar mi tazón de palomitas. Regreso al clímax de la historia: la batalla decisiva entre vampiros y humanos. Obviamente los humanos ganan y se salvan. La peli cumplió su objetivo: entretenerme toda una tarde. Pero me quedé pensando:¿por qué el arma más poderosa para luchar contra los vampiros es la luz solar? ¿Qué pasaría si los vampiros existieran de verdad? ¿La ciencia podría desentrañar las causas de esta violenta intolerancia? Para saberlo tenemos que entender un poco más sobre los vampiros y la luz del Sol.
Según una mezcla de leyendas, libros clásicos y productos de cultura popular los vampiros alguna vez fueron personas, pero murieron y sus cadáveres siguen activos, es decir, son “no vivos activos”, un poco como los zombis, aunque en vez de cerebros se alimentan exclusivamente de sangre para extraer la esencia vital (el alma) de sus víctimas a través de este fluido. Otras características de los vampiros son los largos colmillos y la piel pálida, una fuerza y velocidad sobrehumanas y el poder de sanar de casi cualquier herida. Además no envejecen y no terminan de morirse a menos que pase algo inesperado.

Aunque todo esto es extraordinario no debemos olvidar que los vampiros alguna vez fueron personas, es decir que aún deberían conservar ciertas características humanas y por lo tanto respetar algunas leyes de la biología. De hecho, los vampiros son sensibles a sustancias y estímulos naturales. Si llegáramos a encontrarnos a uno y no quisiéramos convertirnos en su fuente de alimento podríamos combatirlo rociándolo con agua bendita, mostrándole crucifijos o ajos, clavándole una estaca de madera en el corazón o quemándolo. Pero, sin lugar a dudas, el método más simple y efectivo para destruir a un vampiro es exponerlo a la luz, específicamente luz solar. Aunque no en todas las versiones; al Drácula de Bram Stoker el Sol lo debilita, pero no lo mata. El primer vampiro en ser destruido por la luz solar es el conde Orlok, en la película Nosferatu, de 1922.
Y tal vez haya una razón para que este fenómeno haya aparecido tardíamente en la tradición vampírica. Tal vez no nos extrañe que el fuego o la estaca maten a un vampiro (¿a quién no?), pero, ¿qué le haría la luz a un “no vivo”? Así pues, la pregunta correcta es qué le hace la luz a un organismo vivo y cómo se relaciona con la muerte de los vampiros. Para desentrañar el misterio es necesario conocer algunas cosas particulares de eso que llamamos “la luz”.

Existen diferentes definiciones de luz, pero por ahora usemos ésta: es la forma de energía que detectan los ojos. Los ojos de los humanos y de los animales se especializaron para ver diferentes tipos de luz; por ejemplo, los insectos pueden ver colores que los humanos no. Para fines prácticos la luz se divide en tres tipos según la longitud de las ondas que la componen: ultravioleta (uv), visible (vis) e infrarroja (ir), y lo que hace diferente a cada intervalo son sus colores. La luz que pueden detectar los ojos humanos está en el intervalo de luz visible, y sus colores abarcan los que encontramos en un arcoíris. Para desentrañar el misterio de la muerte de los vampiros debemos averiguar cuál es el tipo de luz que los afecta, si es una combinación y qué tiene que ver todo esto con la luz del Sol.
El Sol, como todas las estrellas, produce energía a través de fusión nuclear, el proceso por el cual se combinan núcleos atómicos como los del hidrógeno para formar núcleos más pesados. Parte de la abundante energía que produce la fusión se convierte en luz, y una fracción llega hasta nuestro planeta. El Sol es la fuente de luz con mayor contenido espectral que conocemos, es decir que produce luz de más colores que cualquier otro proceso natural o artificial. El espectro solar es muy amplio y abarca los tres tipos de luz en diferentes proporciones: está compuesto aproximadamente por 5 % de luz ultravioleta, 43 % de luz visible y 52 % de luz infrarroja (cercana), y la luz más intensa en este espectro es la visible. Ahora bien, ¿todo el espectro solar sería el responsable del efecto antivampírico o sólo una parte?
Drácula también usa bloqueador solar
El efecto de cada región del espectro de luz sobre las células o los tejidos depende del color y la intensidad. La luz del espectro visible es absorbida principalmente por la melanina (molécula responsable de la pigmentación de la piel) y la hemoglobina (molécula que transporta oxígeno en la sangre), mientras que el infrarrojo es absorbido sobre todo por el agua de las células y la sangre. La sensación de calor cuando nos asoleamos se debe al infrarrojo, mientras que las quemaduras se deben al ultravioleta, que es la más nociva para los seres vivos en general.

La luz uv tiene más energía que la luz visible y que la infrarroja; de hecho, es tan energética que puede romper algunas de las moléculas que componen las células, producir alteraciones en su funcionamiento y matarlas. La luz uv es la causa principal de las quemaduras solares, pero también puede provocar cáncer de piel a lo largo de los años. Y por eso hay que usar bloqueador solar siempre (no sólo cuando nos asoleamos), y recordar que nuestra piel se defiende de este daño produciendo más melanina: una piel bronceada es una piel que ha sufrido daños por el Sol.
El Sol emite ondas electromagnéticas de muchas longitudes de onda (distancia entre dos ondulaciones). Lo que identificamos como luz se puede dividir en tres intervalos de longitudes crecientes: ultravioleta (uv), visible (vis) e infrarrojo (ir). La luz visible es la que detectan los ojos humanos. La escala está graduada en nanómetros, la millonésima parte de un milímetro.
Texto y fotos tomados de la revista ¿como ves?