Tejedores de pasiones

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Durante mucho tiempo, el tejido ha sido considerado una actividad artesanal o recreativa, asociada principalmente al ocio y a la tradición. Sin embargo, desde la neurociencia, hoy se reconoce como una práctica compleja que involucra múltiples procesos cerebrales y que puede aportar beneficios relevantes al bienestar cognitivo y emocional.

En un contexto donde el deterioro cognitivo y la sobrecarga mental son cada vez más frecuentes, comprender los efectos del tejido permite resignificar esta actividad como una herramienta accesible para apoyar la salud cerebral a lo largo de la vida.

UNAM Global entrevistó a Vani G. Rajendran, investigadora del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la UNAM, y a Gina Lorena Quirarte, investigadora del Instituto de Neurobiología (INB), campus Juriquilla, para conocer qué ocurre en el cerebro cuando una persona teje.

Más que una actividad manual

Tejer implica la participación coordinada de diversas regiones cerebrales. No se trata de una actividad localizada en una sola área, sino de un proceso distribuido que integra funciones cognitivas, motoras y sensoriales. De acuerdo con Gina Lorena Quirarte, una de las redes clave es la red frontoparietal, que conecta la corteza frontal —relacionada con la planificación, la atención y el control ejecutivo— con las regiones parietales encargadas de la integración sensorial y espacial. Esta red permite organizar la secuencia de acciones, mantener la atención y regular los movimientos necesarios para tejer.

Otro componente fundamental es la memoria procedimental, responsable de automatizar habilidades motoras aprendidas. Esta función se asocia estrechamente con los ganglios basales, estructuras profundas del cerebro involucradas en el control del movimiento y en el aprendizaje de destrezas.

Tejer no consiste únicamente en mover las manos. Implica observar el tejido en su conjunto, ubicar agujas, reconocer patrones, colores y espacios entre puntadas, así como ajustar los movimientos conforme avanza el trabajo.

“La coordinación motora fina es fundamental. Para que existan efectos potencialmente beneficiosos para la salud cerebral, los movimientos deben ser finos, precisos, sincronizados y controlados, como ocurre al tejer”, explicó Quirarte.

A diferencia de otras actividades manuales de baja demanda cognitiva, el tejido exige planificación, atención sostenida, conteo y creatividad de manera constante.

El papel del sistema visual y de la recompensa

El sistema visual también participa activamente en esta actividad. Vani G. Rajendran explicó que el cerebro procesa de forma continua la información proveniente del material: colores, texturas, patrones y formas. Este procesamiento involucra tanto la corteza visual primaria, que recibe la información básica, como las áreas visuales secundarias y asociativas, encargadas de interpretar relaciones espaciales y secuencias.

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