Déjenme si estoy llorando.. Duelos silenciosos.

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Duelos invisibles “El duelo llamado invisible se da en aquellas pérdidas que no son socialmente reconocidas o validadas como legítimas. Por ejemplo, no hay un ritual que ayude a acompañar esos momentos.

La palabra duelo proviene del latín duelus que significa “dolor” asociado a una pérdida significativa. Es una experiencia natural que se da después de una perdida en donde influye lo cultural. Este proceso incluye manifestaciones físicas, emocionales, conductuales y espirituales que van a variar de persona a persona mientras elabora y se adapta a la ausencia de lo que ha perdido”.

Al duelo, convencionalmente, lo asociamos a la muerte de un ser querido y, al menos en nuestro país, hasta existen rituales -religiosos o no- para acompañar a los dolientes en sus primeras etapas del duelo. Los sistemas educativos y laborales suelen incluir en sus beneficios dar algunos días para que las personas se recuperen.

Pero el dolor por la pérdida no solo se siente por la muerte de una persona. También por perder un empleo; todos los cambios que experimentan quienes migran a otros estados o países; una ruptura amorosa; la muerte de tu animal de compañía; recibir un diagnóstico que te hace sentir que has perdido tu salud; quienes experimentan el dolor por abortos y pérdidas gestacionales; el final de una amistad significativa; los padres que se enfrentan al “síndrome de nido vacío.

Entonces, no contar con ese apoyo social puede complicar el proceso en esas pérdidas, porque la mayoría de esas personas no tienen un espacio donde puedan expresar lo que están sintiendo.

La especialista en atención a duelos comenta que entre sus consultantes ha tratado con personas que viven duelos en secreto, por ejemplo, quienes eran el amante de la persona que murió y nadie sabía, no puede contar por qué está triste. O quienes pasan por un aborto y tampoco quieren que la sociedad se entere.

Más allá de los secretos, parece que existe una jerarquía o ranking de los duelos. En la que socialmente se clasifica -y califica- a las pérdidas, cuáles son dignas de reconocimiento y cuáles no. Y, a su vez, cuáles sí merecen la justificación de transitar por el dolor.

Esto podría generar aislamiento consciente u obligado. No atreverse a compartir su dolor por miedo a que nadie le entienda o que le digan que «no es para tanto».

Recibir comentarios invalidantes son otro problema en este tipo de duelos: “al menos no estabas casada”; “Dios sabe por qué hace las cosas”; “viene algo mejor para ti”. Estos comentarios pueden hacer que el doliente se sienta poco entendido y también se cuestione su derecho a sentir lo que siente.

¿Has sentido que se te acaba el mundo al terminar una relación de pareja o porque murió tu mascota? Cuando pasé por esas situaciones no sólo no hubo un ritual o permisos en mi empleo para tener un respiro, tuve que intentar seguir siendo funcional y trabajar. Se hizo habitual llorar en el baño de la oficina porque no quería explicarles a las personas que mi gato de 17 años acababa de morir, pero tampoco me podía concentrar y “cumplir” como antes.

El duelo se suele enfocar en la respuesta emocional, pero las dimensiones a nivel físico, cognitivo, filosófico y cómo influyen en el comportamiento no se pueden dejar de lado.

Toda pérdida es significativa para quien la vive y sea validada socialmente o no, la persona que siente ese dolor no puede evitarlo. Algunas de las diversas reacciones pueden ser:

Es importante recordar que el apoyo social es un factor protector en el proceso de duelo, por lo que será importante aprender a comunicarlo a quien consideremos necesario para que la experiencia se normalice, se valide nuestro dolor y podamos recibir apoyo.

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