¿Alguna vez has experimentado el Valle Inquietante?

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En la estética, el valle inquietante es una hipótesis en los campos de la informática, la robótica y la animación por computadora en 3D que afirma que cuando las réplicas antropomórficas se acercan en exceso a la apariencia y comportamiento de un ser humano real, causan una respuesta de rechazo entre los observadores humanos. El «valle» en cuestión es una inclinación en un gráfico propuesto, que mide la positividad de la reacción de las personas según el parecido humano del robot.

El término fue acuñado por el profesor experto en robótica Masahiro Mori como Bukimi en 1970. La hipótesis se ha vinculado con el concepto de Ernst Jentsch de la identidad inquietante en un ensayo de 1906, titulado «En la psicología de lo inquietante» (“On the Psychology of the Uncanny”). El efecto inquietante del concepto de Jentsch fue introducido, en el campo psicoanalítico, por Sigmund Freud en un ensayo de 1919 titulado «Das Unheimliche»,​ traducido a veces como «Lo ominoso» o «Lo siniestro», aunque también tiene como traducción «Lo misterioso».

La hipótesis original de Mori declara que cuando la apariencia de un robot es más humana, la respuesta emocional de un observador humano al robot se irá haciendo cada vez más positiva y empática, hasta cruzar un punto a partir del cual la respuesta se vuelve una fuerte repugnancia. Sin embargo, cuando la apariencia del robot continúa convirtiéndose menos distinguible de la de un ser humano, la respuesta emocional se vuelve positiva una vez más y se va aproximando a niveles de empatía como los que se dan entre humanos.

Este bache o valle de respuesta repulsiva entre un robot con apariencia y comportamientos «casi humanos» y una entidad «totalmente humana» es lo que llamamos valle inquietante. El nombre surge de la idea de que un robot que es «casi humano», como lo es un androide, es visto de forma general por un ser humano como «extraño» y por esto resulta imposible alcanzar el requisito de una respuesta empática para la necesidad de una interacción humano-robot productiva.

El valle inquietante no solo se refiere a su concepto central, que es la sensación de extrañeza o incomodidad que experimentamos ante robots o figuras casi humanas, sino que también abarca el rechazo instintivo que cualquier animal inteligente siente hacia cosas que no tienen una apariencia común o que no coinciden con lo que el sujeto percibe como normal. Este es un instinto de supervivencia que nos mantiene alertas a cualquier peligro, y genera en el sujeto una mezcla de extrañeza, incomodidad y curiosidad.

Este comportamiento de rechazo se puede ver frecuentemente en animales como perros o

Varias hipótesis fueron propuestas para explicar el mecanismo cognitivo fundamentando el fenómeno:

Al mirar un robot «inquietante» se produce un miedo innato a la muerte y entonces se activa un mecanismo de defensa basada en la cultura, para hacer frente a la inevitabilidad de la muerte. Los androides parcialmente desmontados juegan en los temores subconscientes de reducción, reemplazo y aniquilación que llevamos al ámbito humano:

Un mecanismo con un aspecto humano y un interior mecánico, actúa en nuestro miedo subconsciente afirmando que todos nosotros somos, también, sistemas mecánicos sin alma.

Los androides en variados estados de mutilación, decapitación o desmembramiento, producen una reminiscencia a un campo de batalla a posteriori de un conflicto y, por ello, el mirar esos estados de mutilación nos produce un recuerdo de nuestra mortalidad.

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