La sexualidad femenina ha estado marcada tradicionalmente por prejuicios y limitaciones, especialmente cuando llegan a la vejez; sin embargo, aquellas que pertenecen a la generación X –nacidas entre 1965 y 1980– están desafiando estos tabús, redescubriendo y disfrutando su sexualidad de una forma más liberal, afirmó María Montero y López Lena, académica de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Psicología (FP).
Recordó que en muchas mujeres de la generación X (que ahora tienen entre 45 y 60 años) permanecía la creencia de que la masturbación o la exploración de sus partes íntimas eran un pecado, o que la menopausia se convertía en un obstáculo para ejercer su sexualidad.
Si bien la transición hacia la independencia comenzó con las baby boomers, la generación X la consolidó, pues muchas mujeres de esta última comenzaron a considerarse como independientes de manera integral, lo que fortaleció su autoestima y, en consecuencia, su sexualidad.
En términos generales, las mujeres de la generación X han vivido una narrativa cultural compartida, en la que la sexualidad no es la misma para ellas que para los hombres, pues hay una doble moral que permite que los varones ejerzan libremente su deseo sexual, pero que a las mujeres les afecta y las reprime.

Miriam Campos, asistente médica y una mujer de la generación X, mencionó que en su juventud se consideró asexual porque no disfrutaba su sexualidad, situación que relacionó con la educación obtenida en su núcleo familiar donde prevalecían los tabús y con ello las limitaciones.
Relató que con su exesposo, papá de sus dos hijas adolescentes, no logró explorar su intimidad, hecho que afectó su relación como pareja y uno de los motivos por los que su matrimonio culminó.
“En muchos libros de psicología leía que después de la menopausia o con el envejecimiento, las mujeres sufren cambios que limitan la práctica sexual. Sin embargo, a mí me sucedió lo contrario”.
A sus 36 años, comenzó a leer distintas novelas eróticas que provocaron que abriera su imaginación y su deseo sexual por conocerse a sí misma, y por anhelar ciertas fantasías con otras personas, por lo que considera a la literatura como “un camino que abre puertas maravillosas a la creatividad”.

También usa el shibari (práctica consistente en atar con cuerdas de diferentes formas para comunicar sensaciones y emociones), que despertó su parte erótica y sensual, la cual siempre mantuvo oculta.
Mencionó que pese a comentarios negativos que ha recibido por ser madre soltera y vivir su sexualidad con libertad, ahora es consciente que disfrutar de esta no la hace ni más ni menos mujer.
Estela Domínguez, de 53 años, maestra de inglés, recordó que durante su adolescencia estaba prohibido hablar de sexo y se tenía la costumbre de que si las mujeres tenían relaciones con un hombre por primera vez se debían casar con él.
Aunque ella no tuvo una educación sexual, buscó la manera de ejercerla ya que desde sus 15 despertó su curiosidad por tener relaciones sexuales.
Desde ese entonces tuvo una vida sexual activa, aunque sí disminuyó hace cuatro años con la llegada de la menopausia debido a la falta de libido y a la resequedad vaginal; sin embargo, consideró que una vez pasada esa etapa, logró avivar nuevamente el deseo.

Rememoró que hubo un tiempo en el que tuvo encuentros con tres o cuatro personas, sin compromisos, y resultó que se conocían y comenzaron a reclamarme. “Ahí me di cuenta que los hombres sí pueden vivir su sexualidad libre, pero nosotras cargamos con muchas etiquetas; tiempo después logré liberarme de ellas”.
“Respecto a mi vida sexual nunca me limité. Soy una mujer que ha disfrutado mucho su sexualidad desde la adolescencia y aún más después de los 30 años. He tenido muchas parejas en la intimidad, la mayoría han sido buenas experiencias y no me arrepiento”, precisó.
Refirió que “incluso he tenido diversas experiencias estando con mi actual esposo, ya que tenemos el acuerdo de experimentar entre nosotros, pero también con otras personas, lo que nos ha abierto la mente sobre el tema y sus diferentes maneras de vivirlo”.
