Hitler y su último aliento por una Alemania nazi

Vistas: 192

De acuerdo a un artículo publicado en BBC News Mundo, el día de su muerte Adolfo Hitler estaba destrozado, su rostro era una máscara de miedo y confusión.

«El ambiente era deprimente, porque todos sabían que la guerra estaba perdida».

«Desde el cuartel general se informa que nuestro Führer, Adolf Hitler, luchando hasta el último aliento contra el bolchevismo, cayó por Alemania esta tarde».

Cerca de las 10:30 de la noche del 1 mayo de 1945, Radio de Hamburgo interrumpió las notas de la Séptima sinfonía de Anton Bruckner para emitir este mensaje.

La pieza periodística señala que el anuncio de la muerte de quien «se había convertido ante los ojos de prácticamente todo el mundo en la encarnación del mal absoluto», según el diario londinense The Times, rápidamente corrió por el mundo.

«Interrumpimos nuestra programación para traerles una noticia: la radio alemana acaba de anunciar que Hitler ha muerto. Repetiré esto: la radio alemana acaba de anunciar que Hitler ha muerto», transmitió minutos después la BBC.

Las investigaciones señalan que con el paso del tiempo se descubrió que la versión nazi no era cierta y que el responsable del estallido de la Segunda Guerra Mundial no falleció el 1 de mayo, sino un día antes. Y que tampoco cayó en combate como un valiente líder militar, sino que se pegó un tiro en su refugio subterráneo.

Ocho décadas después, los mitos siguen rodeando las circunstancias en las que se produjo la muerte de quien es considerado el autor intelectual del asesinato de 6 millones de judíos europeos.

Con la ayuda de documentos históricos y de tres expertos, BBC Mundo reconstruyó los últimos días del dictador que quiso levantar un imperio que duraría 1.000 años.

Los jardines destrozados de la Cancillería de Hitler y la entrada a su búnker

Varios metros debajo de la enorme residencia oficial que se mandó construir en Berlín estaba el búnker donde Hitler pasó sus últimos días.

«El 21 de noviembre de 1944, abandonó la Guarida del Lobo (en la actual Polonia) y tomó el tren para dirigirse al oeste a su cuartel de Adlerhorst (cerca de la frontera con Bélgica y Luxemburgo), desde donde lideró la ofensiva de las Ardenas», declaró a BBC Mundo el historiador alemán Harald Sandner.

Tras el fracaso de la operación, considerada por los historiadores como la última gran jugada militar de los nazis, Hitler volvió a Berlín el 16 de enero de 1945. Así lo aseguró con precisión quirúrgica Sandner, quien pasó dos décadas investigando el tema para su obra El Itinerario, la cual es calificada como la cronología más completa de los viajes que el dictador alemán hizo a lo largo de su vida.

«Salvo una visita al frente el 3 de marzo, Hitler no abandonó la capital hasta su muerte», apuntó.

«Dormía hasta muy tarde, hasta después del mediodía. Participaba en reuniones informativas con sus generales dos veces al día. Luego tomaba el té y le dedicaba monólogos a sus secretarias hasta la madrugada», aseguró el autor de El Itinerario.

«Hitler estaba literalmente destrozado. Su rostro era una máscara de miedo y confusión, con la mirada perdida de un maniático y una voz casi inaudible», declaró el exagente.

Los expertos consultados atribuyen el deterioro físico y mental del dictador no solo a los reveses en el campo de batalla, sino también a los cócteles de drogas que recibió durante años y a que padecía Parkinson.

Los restos de Hitler y su esposa, Eva Braun, fueron encontrados por los soviéticos en mayo de 1945, pero ellos no informaron de esto a sus aliados occidentales.

En otra acción inesperada, el día 29 el dictador se casó con Braun, pero en lugar de celebrar, comenzó a despedirse de quienes estaban en el búnker y luego dictó su testamento político a su secretaria, Gertrud Junge.

Pero Hitler no solo decidió quitarse la vida, sino que ordenó que sus restos fueran destruidos.

«Mi esposa y yo elegimos la muerte para evitar la vergüenza de la destitución o la capitulación. Nuestros cuerpos deben ser quemados inmediatamente», se lee en su testamento.

Alrededor de las 3:30 de la tarde del 30 de abril, el dictador y Braun entraron en una sala. Ella tomó una capsula de cianuro y él se pegó un tiro en la cabeza.

A los minutos sus guardaespaldas ingresaron a la habitación y sacaron ambos cadáveres cubiertos, los subieron a los jardines y los echaron en un agujero que habían cavado. Acto seguido, los rociaron con combustible y les lanzaron un fósforo para quemarlos, como había sido el deseo de su líder.

«Hitler estaba muy preocupado por lo que le sucedería si los rusos lo capturaban vivo o si encontraban su cuerpo. Temía ser exhibido en Moscú», agregó Weber

«Desde la perspectiva de Hitler, no tenía sentido vivir un día más fuera del poder y en aislamiento», afirmó el historiador.

Happy
Happy
0
Sad
Sad
0
Excited
Excited
0
Sleepy
Sleepy
0
Angry
Angry
0
Surprise
Surprise
0