La mayoría de los tumores cerebrales se originan por mutaciones genéticas que provocan un crecimiento celular descontrolado. Aunque algunas de estas mutaciones pueden identificarse con las tecnologías más recientes, muchas otras aún no es posible detectarlas.
Los tumores cerebrales primarios —como los glioblastomas o los astrocitomas anaplásicos— se originan directamente en el cerebro. Aunque no hay factores de riesgo definidos que los causen, existen algunos elementos que pueden aumentar la probabilidad de desarrollarlos:
Exposición a radiación. Es el factor ambiental de riesgo más reconocido. Puede derivarse de exposiciones a grandes cantidades de rayos X o tratamientos previos contra el cáncer.
Sistema inmunológico debilitado. Tener un sistema inmunológico comprometido también incrementa el riesgo. Esta condición puede estar presente desde el nacimiento o ser consecuencia de enfermedades autoinmunes o cáncer.
Trastornos genéticos. Aunque la mayoría de los tumores cerebrales no están relacionados con antecedentes familiares, ciertas condiciones genéticas sí pueden elevar el riesgo. La neurofibromatosis tipo 1 es el síndrome más común vinculado con tumores cerebrales.
Por otro lado, los tumores cerebrales secundarios son causados por cánceres que se originan en otras partes del cuerpo y se diseminan hacia el cerebro.
Los neurocientíficos continúa investigando las causas y los factores de riesgo asociados a los tumores cerebrales. Además, los asesores genéticos del hospital pueden ayudarte a evaluar tu riesgo para ciertos tipos de tumores y, si lo consideran necesario, recomendarte pruebas genéticas.
A medida que un tumor crece, ejerce presión sobre distintas áreas del cerebro. El tamaño y la ubicación del tumor determinan el tipo y la gravedad de los síntomas, que pueden incluir:
Confusión o pérdida de memoria
Somnolencia
Dolor de cabeza
Alteraciones en la función cardíaca o pulmonar
Pérdida del equilibrio, coordinación o dificultad para caminar
Falta de control de la vejiga
Náuseas y vómito
Entumecimiento y hormigueo en alguna parte del cuerpo
Parálisis parcial del rostro o el cuerpo
Cambios de personalidad como irritabilidad o depresión
Convulsiones
Problemas para hablar o comunicarse
Alteraciones en la vista, el oído, el olfato o la respiración
Debilidad general
Tener alguno de estos síntomas no significa necesariamente que tengas un tumor cerebral. Sin embargo, es importante comentarlo con tu médico, ya que podrían ser señales de otros problemas de salud.