El dalái lama (de la palabra mongola dalai, «océano», y de la tibetana lama, «maestro reencarnado» o «gurú») es el título que obtiene el dirigente de la Administración Central Tibetana y el líder espiritual del lamaísmo o budismo tibetano.
Es el término utilizado en el budismo tibetano y en la religión bön para referirse a aquel maestro que ha logrado tener el control parcial o total en la muerte sobre la forma de su reencarnación, y el conocimiento del lugar de su nuevo nacimiento. El actual dalái lama es Tenzin Gyatso (6 de julio de 1935 y cumplió 90 años, por lo que ya se busca su sucesor mediante un ritual milenario.
Sonam Gyatso, el tercer primado de la escuela Gelug, una de las que en el siglo XV disputaban por la primacía en el budismo tibetano. Sonam Gyatso realizó un activo proselitismo entre los líderes mongoles Altan Khan y Abtai Sain Kan, que se convirtieron en sus patrocinadores y lo titularon «dalái lama». Hoy sus dos antecesores también son denominados así.

El budismo tibetano, hegemonizado por la escuela Gelug desde la invasión mongola de 1641, consideran que los dalái lamas son encarnaciones de Avalokiteśvara (el Bodhisattva patrono del Tíbet), y creen que, tras su muerte, su conciencia sutil tarda un intervalo de cuarenta y nueve días, a lo sumo, para encarnarse de nuevo en un infante que ya desde su nacimiento puede dar señales de su carácter especial. Avalokiteśvara es un bodhisattva importante para el budismo tibetano y es considerado en las enseñanzas vajrayāna como un buda. En cambio, para las enseñanzas mahāyāna es visto más bien como un bodhisattva de elevado nivel.
Tras la muerte del dalái lama, el panchen lama se encarga de reconocer su reencarnación o tulku (por lo general es un niño) mediante las señales establecidas y éste pasa a ser el nuevo dalái lama. A su vez, el dalái lama debe reconocer a la reencarnación del Panchen Lama tras la muerte de este.
Tradicionalmente, el dalái lama ha sido el líder espiritual y temporal del Tíbet. También es el líder espiritual de todos los seguidores del lamaísmo o budismo tibetano, tanto en los países de mayoría lamaísta, como Mongolia o Bután, como entre las comunidades de budistas tibetanos de todo el mundo. Sin embargo, muchos países lamaístas como Bután y Mongolia también tienen líderes locales —elegidos de forma similar al dalái lama y considerados la encarnación de deidades— que representan parte de la estructura administrativa de todo el budismo tibetano a nivel mundial como es el caso del Je Khempo en Bután y del Jebtsundamba Khutuktu en el budismo mongol.
Ritual para sucesión

Visiones en las aguas de un lago sagrado, profecías de un oráculo en trance y
una prueba secreta en la que un niño debe reconocer objetos de su vida pasada,
este es el método centenario con el que el budismo tibetano se enfrenta a su
mayor crisis en décadas: la inminente necesidad de encontrar al sucesor del
dalái lama, que cumplió 90 años.
De acuerdo a una nota periodística de Milenio Diario la tradición, regida por rituales de siglos, dicta que la búsqueda comienza tras la muerte de un dalái lama. La responsabilidad de encontrar a su «yangsi», o reencarnación, recae en los más altos lamas, quienes siguen un mapa de pistas místicas.
La primera señal suele llegar del Oráculo de Nechung, un médium estatal que, en un violento trance, puede revelar la región del renacimiento. Con esas pistas, una delegación viaja al lago sagrado Lhamo La-tso, en el Tibet, donde la meditación puede inducir visiones en las aguas que muestren la forma de una casa o la inicial de un pueblo.
Un equipo de búsqueda es enviado entonces de incógnito para encontrar a un niño que coincida con las profecías. Los lamas buscan señales físicas particulares en el cuerpo del candidato, como orejas grandes o marcas auspiciosas.

Al encontrarlo, llega la prueba definitiva: se le presentan colecciones de objetos, como rosarios o bastones, y debe reconocer artículos reales y copias, sin dudar.
La validación final del hallazgo recae tradicionalmente en el panchen lama, la
segunda figura espiritual más importante del linaje. Pero este delicado sistema se
rompió en 1995.
Pocos días después de que el dalái lama reconociera a Gedhun Choekyi Nyima,
un niño de seis años, como el nuevo panchen lama, este desapareció junto a su
familia, en un acto calificado por organizaciones de derechos humanos como el
secuestro del «prisionero político más joven del mundo».

En su lugar, Pekín instaló a su propio candidato y ha aprobado leyes que le otorgan al Partido Comunista el poder de autorizar todas las reencarnaciones.
Esta interferencia ha forzado al dalái lama a considerar opciones que rompen con
siglos de tradición, diseñadas para proteger la institución de la manipulación
política. En su reciente libro, «Voice for the Voiceless», el líder budista afirmó que
su sucesor nacería «fuera de China».