En los últimos años, las olas de calor se han vuelto más frecuentes, intensas y prolongadas en México y el mundo, como una de las expresiones más visibles del cambio climático. Sus impactos inmediatos en la salud humana —golpes de calor, deshidratación o complicaciones cardiovasculares— son conocidos, pero recientes investigaciones advierten sobre efectos menos visibles: un posible envejecimiento acelerado, especialmente en personas adultas mayores.
Un estudio de la Universidad del Sur de California encontró que la exposición prolongada a temperaturas extremas podría modificar la llamada edad epigenética, adelantando el envejecimiento biológico hasta en 2.5 años en quienes han enfrentado olas de calor intensas.
Las olas de calor no sólo generan riesgos inmediatos, también podrían dejar huellas duraderas en nuestro organismo.
El estudio estadounidense utilizó cinco relojes epigenéticos (PhenoAge, GrimAge, DunedinPACE, PCHannumAge y PCHorvathAge) en muestras de sangre de más de 3,600 personas mayores de 56 años entre 2010 y 2016. Los resultados mostraron un aumento epigenético de entre 1 y 2.5 años, y un incremento del 5% en la velocidad del envejecimiento en algunos casos.
En palabras simples: el cuerpo aparenta haber envejecido más rápido de lo que indica la edad cronológica. No obstante, la investigación muestra una asociación y no una causalidad directa.
Disminución de la sensación de sed, con mayor riesgo de deshidratación.
Mayor prevalencia de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y problemas cardiovasculares.
Susceptibilidad a condiciones como inflamación, estrés térmico o daño cardíaco y pulmonar.
Las olas de calor no sólo representan una amenaza inmediata; podrían estar ligadas a un envejecimiento biológico acelerado en adultos mayores. Sin embargo, el fenómeno requiere más investigación, particularmente en México, para comprender sus impactos reales y diseñar políticas de prevención.