El Día del Maestro no es nostalgia, es gratitud y también motiva una pregunta sobre cómo se debe enseñar y aprender en la época actual. La inteligencia artificial generativa (IAGen) volvió más urgente esa pregunta. No esperó lineamientos perfectos ni programas rediseñados; apareció en teléfonos, computadoras, tareas, buscadores y conversaciones de pasillo.
La comunidad universitaria comenzó a usarla y discutirla casi al mismo tiempo. La IAGen puede ayudar a crear materiales, resumir, diseñar preguntas o apoyar la retroalimentación; también trae riesgos: sesgos, respuestas falsas, pérdida de privacidad, dependencia excesiva, inequidad en el acceso y debilitamiento del pensamiento crítico si se usa sin orientación. Necesitamos entusiasmo con juicio pedagógico y cautela con imaginación.
Los datos recientes de la UNAM ofrecen razones para un optimismo prudente. En el estudio realizado a finales de 2024 y reportado en 2025 por la Coordinación de Evaluación, Innovación y Desarrollo Educativos, participaron 2 mil 69 docentes y 4 mil 725 estudiantes de bachillerato, licenciatura y posgrado. La IAGen ya estaba presente: 83 % del profesorado de bachillerato, 70 % de licenciatura y 73 % de posgrado reportó haber usado alguna herramienta de IA.
Entre estudiantes, las cifras fueron 87 %, 81 % y 88 %, respectivamente. El punto de partida ya no es la ausencia, sino la presencia. La pregunta pertinente es cómo queremos que la IA esté en nuestras aulas, con qué propósitos, bajo qué criterios y con qué acompañamiento. Los usos iniciales son todavía exploratorios: docentes que buscan información y apoyos para diseñar actividades; estudiantes que obtienen explicaciones y generan ideas para iniciar tareas.
Un año después, la encuesta sobre IA en educación superior en América Latina, realizada por el Digital Education Council con participación de la UNAM, amplió la mirada. Reunió más de 30 mil respuestas; la UNAM aportó 6 mil 398 participantes. En nuestra muestra, 91.5 % del estudiantado y 75 % del profesorado reportó haber utilizado IA. A nivel regional, las cifras fueron 92 % y 79 % respectivamente. La encuesta nacional presentada por la Secretaría de Educación Pública en 2026 apunta en la misma dirección.
Quizá lo más relevante no sea cuánto se usa, sino cómo se mira. En la UNAM, alrededor de siete de cada 10 docentes expresan una opinión positiva o muy positiva sobre la IA en la educación y 96.3 % prevé utilizarla en sus prácticas. Además, la experiencia docente no parece ser sinónimo de resistencia al cambio: quienes tienen más de 20 años de experiencia reportaron tasas de uso discretamente inferiores a quienes tienen menos trayectoria. Las barreras parecen estar menos en la edad y más en las condiciones de apoyo. Ésta es una buena noticia, porque las condiciones institucionales sí pueden modificarse.
En la muestra universitaria, 76 % del profesorado anticipa cambios significativos o transformadores en su rol por efecto de la IA, pero esta expectativa no equivale a miedo a ser sustituido. La IA puede producir respuestas, pero no forma personas por sí misma; resume textos, pero no percibe el silencio de quien no se atreve a preguntar ni el horizonte ético de una profesión.