El cantautor estadounidense Stevie Wonder, quien ha sido ciego desde prácticamente su nacimiento, sufrió en 1974 un accidente automovilístico que lo llevó a estar en coma por varios días y como consecuencia perdió el sentido del olfato. No obstante, esa década marcó un punto alto en su carrera profesional al recibir 14 premios Grammy por diferentes álbumes. Pero hubo otro acontecimiento que eclipsó estos reconocimientos.
En 1975 nació Aisha, su primogénita. Su nombre, de origen árabe, significa ‘llena de vitalidad’. Esta llegada transformó la vida del cantante. “Era lo que había necesitado en mi vida y en mi música durante mucho tiempo”, declaró Wonder. Inspirado por el sentimiento de ser padre y en agradecimiento a su esposa de ese entonces, decidió expresarse de la manera que mejor sabía: componiendo una canción.
Un año después, la melodía «Isn’t She Lovely» fue lanzada al público. Esta pieza musical se convierte en un himno que celebra la maravilla de la vida y la dicha de la paternidad; en sus letras, Stevie revela el amor inmenso que sintió al conocer a su hija.
Tener un hijo no solo implica una transformación emocional, sino también física. Recientes estudios han destacado los cambios que experimentan los hombres en este ámbito al convertirse en padres.
Un estudio del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón (IiSGM), ubicado en Madrid, España, identificó que los hombres experimentan adaptaciones en su cerebro tras el nacimiento de su hijo. “Se observan dos cambios significativos: en la red visual y en la llamada red de modo predeterminado. La primera facilita el reconocimiento del bebé, mientras que la segunda promueve una especie de mentalización para interpretar el comportamiento del recién nacido”.
Por su parte, la Universidad Northwestern, en Illinois, Estados Unidos, señaló que la paternidad disminuye los niveles de testosterona en los hombres. Esta condición se relaciona con el reconocimiento del esfuerzo requerido para cuidar al bebé y las responsabilidades que esto implica. “Los padres están biológicamente adaptados para la paternidad, lo que sugiere que son capaces de ser buenos cuidadores”. Además, el estudio sugiere que estos bajos niveles de testosterona podrían estar vinculados con una mejor salud en hombres casados o padres, en comparación con aquellos solteros.
La Universidad Emory, en Atlanta, detectó un incremento en los niveles de oxitocina en hombres, similar al que ocurre en mujeres, facilitando así la creación de un lazo afectivo con el bebé.