Es una de las figuras más importantes y, al mismo tiempo, más controversiales de la historia de la conquista de México. Su participación junto a Hernán Cortés ha sido interpretada de diferentes maneras a lo largo del tiempo: mientras que algunas fuentes del siglo XVI la muestran como una intérprete y mediadora fundamental entre los pueblos indígenas y los españoles, después de la Independencia de México comenzó a ser considerada una traidora a su pueblo.
Sin embargo, para comprender realmente el papel de Malinche es necesario analizar el contexto en el que vivió, sus conocimientos de distintas lenguas y culturas, así como las circunstancias que la llevaron a colaborar con los conquistadores. También es necesario observar cómo su imagen fue cambiando en códices, obras históricas, novelas y otros discursos de acuerdo con las ideas y necesidades de cada época. Por ello, estudiar a Malinche permite no solo conocer la participación de una mujer indígena en la Conquista, sino también entender cómo se construyen y transforman las figuras históricas con el paso del tiempo.
Para comprender cómo se construyeron estas interpretaciones, primero es necesario revisar qué sabemos realmente sobre la mujer histórica detrás de ellas. Uno de los aspectos que más dificultad presenta al estudiar la vida de Malinche es que no se conoce con certeza su verdadero nombre indígena. Las fuentes no conservan información sobre el nombre que recibió al nacer o durante su infancia.

foto: México desconocido
De acuerdo con Guadalupe Gómez Aguado, profesora del Centro de Enseñanza para Extranjeros (CEPE) de la UNAM y doctora en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la misma institución, Marina fue el nombre que recibió al ser bautizada por los españoles. Posteriormente, los hablantes de náhuatl pronunciaron Marina como Malina, ya que el sonido de la “r” no existía en esa lengua, y añadieron el sufijo honorífico “-tzin”. De ahí surgieron los nombres Malintzin y, posteriormente, Malinche.
Entre los datos que se consideran más confiables sobre su vida destaca su capacidad para hablar varias lenguas. Se sabe que conocía el popoloca, el náhuatl, el maya chontal y el maya yucateco, y posteriormente aprendió español. Además, dominaba el lenguaje señorial utilizado en el náhuatl y conocía las reglas políticas que se empleaban ante los gobernantes mexicas.
Estas habilidades hacen pensar que estuvo en contacto con ambientes de la nobleza indígena, aunque no existen pruebas suficientes para afirmar que ella misma perteneciera a una familia noble. Debido a ello, el relato de Bernal Díaz del Castillo sobre su infancia y su supuesto origen como princesa debe considerarse con cautela. Sus conocimientos lingüísticos y culturales ayudan a explicar por qué pudo desempeñar un papel tan importante como intermediaria, pero no permiten determinar por sí mismos cuál era su origen social.
De hecho, Malinche fue una mujer indígena esclavizada y, según las crónicas, fue entregada a los españoles. Por ello, no resulta adecuado interpretar sus acciones simplemente como una decisión libre de “traicionar” a su pueblo. Además, ella no fue la única indígena que colaboró con los españoles. Pueblos como los tlaxcaltecas y los totonacas también se aliaron con Cortés porque consideraban que esta alianza podía ayudarles a derrotar a los mexicas. En este contexto, Malinche formó parte de un proceso político mucho más amplio y complejo.

foto: Historia del Nuevo Mundo
Después de la Conquista, Malinche tuvo dos hijos. Martín fue hijo de Hernán Cortés, mientras que María fue hija de Juan Jaramillo, con quien Malinche contrajo matrimonio en 1524 durante la expedición a las Hibueras. Se ha interpretado que Cortés pudo haber promovido este matrimonio para asegurar que Malinche estuviera protegida dentro de la nueva sociedad que se estaba formando. También es posible que Cortés le hubiera otorgado las encomiendas de Oluta, en Veracruz, y Tetequipaque, en Oaxaca.
Malinche probablemente murió alrededor de 1529, posiblemente a causa de alguna de las epidemias que afectaron a la Nueva España.
Durante el siglo XX ocurrió algo más: Malinche dejó de representar únicamente a una mujer vinculada con la Conquista y comenzó a convertirse en un símbolo utilizado para interpretar la identidad nacional. Aunque su imagen como traidora ya se había construido desde el siglo XIX, durante el México posrevolucionario comenzó a utilizarse para representar una actitud más amplia: la preferencia por lo extranjero frente a lo propio. De esta manera surgió y se consolidó el concepto de malinchismo, relacionado con la idea de que una persona o un grupo rechaza o menosprecia lo nacional y valora más aquello que proviene del extranjero.
De esta manera, el concepto de malinchismo terminó adquiriendo un significado que va más allá de la propia Malinche. Con el paso del tiempo, comenzó a utilizarse para describir a quienes prefieren productos, costumbres, ideas o modelos extranjeros antes que los nacionales, convirtiéndose en una expresión asociada con el rechazo o menosprecio de lo propio.
