Gatos, brujas y escobas

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Durante siglos, la imagen de la bruja se ha asociado con mujeres mayores, solteras o viudas, acompañadas de gatos, especialmente negros. Hoy, ese prejuicio también se manifiesta en el estereotipo de la «loca de los gatos», pero ¿de dónde surgió esta relación entre las mujeres, los felinos y la brujería? ¿Y por qué la sociedad ha convertido estas imágenes en motivo de sospecha o burla?

De acuerdo con Idanely Mora Peralta, del Centro de Lingüística Hispánica del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, culturalmente han existido más prejuicios contra las mujeres que contra los hombres.

En buena parte de Europa, entre los siglos XV y XVIII, las ideas religiosas y los tratados sobre brujería contribuyeron a convertir a determinadas mujeres, entre ellas solteras o sin hijos, en blanco de sospechas. Se las juzgaba a partir de ideales de juventud, belleza, maternidad y, sobre todo, obediencia. Al no encajar en estos modelos, podían ser consideradas más vulnerables a la tentación del diablo, según ciertas creencias de la época.

Vivir fuera de las estructuras familiares habituales también podía generar desconfianza, aunque ninguna de estas circunstancias implicaba por sí misma una acusación de brujería.

Algunas tenían conocimientos prácticos sobre plantas, remedios, cuidados del parto o prácticas tradicionales. Aunque eso no las convertía en brujas, sus actividades podían interpretarse de distintas maneras según el contexto y las fricciones sociales.

Las mujeres fueron acusadas de brujería con mayor frecuencia que los hombres debido no solo a ideas religiosas, sino también a conflictos con vecinos, familiares o conocidos, tensiones económicas y expectativas sociales sobre cómo debían comportarse.

De hecho, durante las grandes persecuciones europeas de los siglos XVI y XVII, alrededor del 80 por ciento de las personas juzgadas por brujería fueron mujeres, aunque la proporción varió según la región. La imagen de la anciana de nariz prominente, encorvada, vestida de negro y acompañada de un gato se convirtió en uno de los estereotipos más reconocibles de la bruja, aunque no representaba fielmente a todas las personas perseguidas.

A estas mujeres se les restaba valor social. Además, este estereotipo ridiculizaba la independencia femenina. Al no tener pareja, podían ser percibidas como solitarias o desequilibradas. Con el tiempo, el arquetipo se reforzó en los cuentos, el cine, la televisión y, más recientemente, las redes sociales. Incluso, en ocasiones, estas mujeres son tratadas con lástima.

Aunque se trata de una etiqueta sexista, el afecto por los gatos no implica necesariamente una carencia emocional, sino que puede responder a la afinidad con estos animales, apreciados por su independencia, sensibilidad y la tranquilidad que pueden ofrecer en la convivencia.

¿Cómo acabaron juntos la anciana, la escoba y el gato negro?

La imagen tradicional de la bruja no surgió de una sola vez, sino de la combinación de creencias culturales, relatos religiosos, tratados demonológicos, grabados y obras literarias. Siglos después, las ilustraciones infantiles, los cuentos y las películas contribuyeron a consolidarla.

El gato negro terminó fusionado como una especie de atajo visual, basta colocarlo junto a una mujer para que el público entienda que se trata de una bruja”. Por eso, en la actualidad resaltan los gatos negros en las decoraciones de Halloween.

El gato: de símbolo de protección a la brujería

Los animales no solo habitan las casas o ciudades, sino también las historias, dijo la académica universitaria. Un claro ejemplo son los gatos. En el antiguo Egipto, estos felinos tenían un importante significado simbólico y se asociaban con la protección y la divinidad.

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