En México, el cáncer de páncreas registró 5,822 nuevos casos y 5,267 muertes en 2022 (1). La cercanía entre ambas cifras muestra por qué este tumor sigue siendo uno de los mayores retos médicos, no sólo porque suele avanzar rápido, sino porque muchas veces se esconde hasta etapas tardías. Frente a esa interrogante médica, la innovación científica está abriendo una ruta distinta, con mejores herramientas para encontrarlo, estudiarlo y tratarlo con mayor precisión.
“El cáncer de páncreas se diagnostica tarde porque la mayoría de los pacientes no tiene síntomas, o presenta molestias muy vagas que tiende a ignorar”, explica el Dr. Sunil Dacha, endoscopista y director de Endoscopía Avanzada del Hospital Houston Methodist.
El cáncer de páncreas no siempre empieza con dolor intenso, puede manifestarse como una molestia abdominal que no desaparece, pérdida de peso sin explicación, cansancio persistente o cambios repentinos en el control de la glucosa. En otros casos, la primera señal visible aparece cuando los ojos o la piel se tornan amarillos, algo conocido como ictericia.
“Muchas veces se descubre cuando alguien nota que sus ojos están amarillos. Esa ictericia sin dolor puede ser una señal de cáncer de páncreas u obstrucción biliar y, para entonces, suele ser tarde”, advierte el especialista.
Aunque no existe una prueba de detección temprana para toda la población, el Dr. Dacha resalta que hay personas que deben vigilarse con más atención, como quienes tienen antecedentes familiares, ciertas mutaciones genéticas, obesidad, tabaquismo, consumo de alcohol o pancreatitis crónica. También recomienda vigilar los casos en los que una persona adulta desarrolla diabetes de forma repentina y sin una causa evidente.
“La diabetes no causa cáncer de páncreas, a veces ocurre al revés. El cáncer puede provocar diabetes uno o dos años antes de ser detectado”, aclara.