El reciente brote de hantavirus en el crucero MV Hondius encendió la atención internacional por el contexto en que ocurrió: un barco en movimiento, con pasajeros de distintos países y la necesidad de activar protocolos sanitarios internacionales. Aunque se trata de una enfermedad poco transmisible entre humanos, puede evolucionar con rapidez y alcanzar una letalidad considerable.
Aun así, esto no significa que represente, en términos generales, un riesgo elevado para la salud pública, explicó el Dr. Mauricio Rodríguez Álvarez, vocero del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE) de la UNAM y profesor de la Facultad de Medicina de la misma institución.
El especialista explicó que el hantavirus es una enfermedad zoonótica, es decir, que se transmite de animales a humanos, y está asociada principalmente a roedores como ratones y ratas, los cuales actúan como reservorios del virus.
El contagio ocurre cuando las personas entran en contacto con superficies o partículas contaminadas con orina, saliva o heces de estos animales, ya sea al inhalar polvo contaminado o al tocar objetos y llevarse posteriormente las manos a la boca, nariz u ojos.
Desde el punto de vista clínico, el hantavirus es una enfermedad seria. Su tasa de letalidad puede variar entre el 11% y el 40%, dependiendo del tipo de virus y del contexto en que se presente. Puede provocar un deterioro rápido de la función respiratoria, insuficiencia renal o fallas cardiovasculares, lo que hace indispensable una atención médica oportuna y un monitoreo constante de los pacientes.
A pesar de su potencial gravedad, Rodríguez Álvarez destacó que la principal característica epidemiológica del hantavirus es su baja capacidad de transmisión entre humanos. Esto lo distingue de otros virus respiratorios como la influenza o el COVID-19, que pueden propagarse rápidamente mediante aerosoles (que son diminutas partículas respiratorias emitidas al hablar, respirar o toser que quedan flotando en el aire interior por minutos u horas).
Incluso en los pocos casos documentados de transmisión entre personas —como con el virus Andes en Sudamérica—, esta es poco eficiente y requiere contacto cercano y prolongado, lo que limita significativamente su propagación.
“Por esta razón, hasta el momento no se dispone de tratamientos antivirales específicos ni de vacunas, lo cual se debe en parte a su carácter esporádico y a su baja capacidad de propagación”, mencionó el vocero del PUIREE.