Cuando el mundo parece replegarse sobre sí mismo y los discursos de derecha avanzan en varios países clausurando derechos y reinstaurando viejos dogmas, el arte regresa a sus funciones más esenciales: interrogar, incomodar y abrir puertas.
Con ese espíritu llega Un lugar de ambiente. Legado y disidencia, la exposición que se inaugurará el próximo 28 de mayo en el Museo Universitario del Chopo, en el marco de la edición 39 del Festival Internacional por la Diversidad Sexual (FIDS). El pretexto y el protagonista es Alberto Aguilera Valadez, el Divo de Juárez: Juan Gabriel.
A 10 años de su muerte, ocurrida el 28 de agosto de 2016, la figura del compositor nacido en Parácuaro, Michoacán, en 1950 y criado en Ciudad Juárez se revela más vigente que nunca como espejo de tensiones culturales que siguen sin resolverse.
Autor de más de mil 500 canciones, poseedor de innumerables discos de oro y platino y distinguido con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, su legado continúa ocupando un lugar central en la cultura popular mexicana.
“Estamos en una nueva ola de censuras, de ataques a la comunidad; diversos gobiernos de derecha están censurando y limitando los derechos que se habían ganado con el tiempo”, advirtió Carlos Segoviano, curador de la muestra e investigador del Museo de Arte Moderno.
“Juan Gabriel trastoca, pero al mismo tiempo abre la posibilidad de romper conceptos hegemónicos sobre la masculinidad y sobre nociones de la familia”, dijo el curador.
“La cultura nacional mexicana está vinculada con un machismo que parece prácticamente endémico. Juan Gabriel rompió una serie de estereotipos vinculados, por ejemplo, con la idea del charro”, agregó Maai Ortiz, coordinador del FIDS. De hecho, la figura del charro, estandarte de virilidad y nacionalismo, es uno de los núcleos centrales de la muestra: al vestir el traje de charro en rosa, morado o azul, y cubierto de lentejuelas y plumas, Juan Gabriel no hacía trampa ni parodia, sino algo más radical: liberación.
La exposición, curada por Segoviano, en diálogo con Abril Castro Prieto –curadora del Chopo– y el consejo del FIDS, se organiza en tres ejes temáticos. El primero vincula el ascenso de Juan Gabriel y su encarcelamiento en Lecumberri con las persecuciones históricas a la comunidad LGBTIQ+: se presentan obras que van desde pintores como Manuel Rodríguez Lozano hasta artistas contemporáneos que trabajan la memoria de las razias.
El segundo núcleo gira alrededor de la deconstrucción del charro como símbolo de masculinidad, con obra de creadores como Fabián Chairez, Lechedevirgen Trimegisto y el joven Ángel Cammen. Éste último conecta esa tradición con las masculinidades norteñas contemporáneas.
El tercero, llamado Queridas, explora las redes de sororidad artística que Juan Gabriel tejió con las mujeres a quienes escribió canciones, proponiendo una noción de familia que desafía el parentesco biológico.
La exposición también incluye un núcleo de archivo donde se recogen los estigmas que marcaron la trayectoria del artista: desde notas de la prensa sensacionalista que lo asociaban al VIH, hasta debates sobre clase social, documentos que muestran, según Ortiz, cómo la sociedad avanza y retrocede en un “jaloneo” constante.