El cerebro en juego: el costo oculto de los cabezazos

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El futbol es uno de los deportes más practicados en el mundo y forma parte de la cultura deportiva y social de diversos países como en México. Millones de personas, desde niños hasta adultos, lo practican de manera recreativa o profesional.

Sin embargo, a pesar de sus beneficios físicos y sociales, en los últimos años ha surgido una creciente preocupación por los efectos que pueden tener los impactos repetitivos del balón sobre la cabeza de los jugadores, especialmente aquellos ocasionados por el cabeceo. Diversas investigaciones científicas han demostrado que esta acción, aunque forma parte esencial del juego, puede producir alteraciones cerebrales y neuropsicológicas que, con el paso del tiempo, afectan el funcionamiento del sistema nervioso.

Este interés ha aumentado porque la evidencia actual sugiere que no se trata únicamente de lesiones inmediatas, sino de procesos acumulativos que pueden manifestarse años después. Gracias a los avances en la neurociencia, la medicina deportiva y la tecnología, hoy es posible analizar con mayor precisión los efectos del cabeceo sobre la estructura y el funcionamiento del cerebro.

Contrario a lo que muchas personas podrían pensar, el mayor riesgo no ocurre necesariamente durante los partidos oficiales. El Dr. Fructuoso Ayala Guerrero, jefe del Laboratorio de Neurociencias de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, explicó que en un encuentro de futbol un jugador suele realizar aproximadamente doce cabezazos en noventa minutos de juego.

Sin embargo, el escenario cambia en los entrenamientos, donde el número aumenta considerablemente, alcanzando treinta o incluso más cabezazos por sesión. Esta repetición sistemática convierte a las prácticas en el principal espacio de exposición acumulativa al impacto.

En esa misma línea, el Dr. Ayala Guerrero citó un estudio del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, cuyos resultados revelaron que los futbolistas que realizaban alrededor de 885 cabezazos o más por año presentaban una mayor probabilidad de mostrar alteraciones en la sustancia blanca del cerebro, detectadas mediante resonancia magnética. Esto refuerza la idea de que el riesgo no depende de un solo golpe, sino de la suma de impactos a lo largo del tiempo.

A partir de este punto, la investigación científica ha buscado comprender qué ocurre dentro del cerebro ante estos impactos repetitivos. La tecnología médica, en especial la resonancia magnética, ha permitido observar tanto cambios estructurales como funcionales.

Gracias a estas herramientas, dijo el acádemico de la FP,  se han identificado alteraciones en regiones relacionadas con la memoria, la atención y la regulación emocional. Además, estudios post mortem en cerebros de exfutbolistas han confirmado la presencia de lesiones neurológicas que no siempre eran evidentes durante la vida.

cerebro, sino que también afectan su funcionamiento interno a nivel microscópico.

Uno de los casos más citados es el del futbolista inglés Jeff Astle, reconocido por su habilidad en el juego aéreo. Tras su fallecimiento, los estudios realizados a su cerebro revelaron un deterioro neurológico comparable al de una persona de aproximadamente noventa años, a pesar de haber muerto a los cincuenta y nueve. Este caso marcó un punto de inflexión en la discusión científica y deportiva sobre los efectos del cabeceo repetitivo.

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