Los antiguos mayas tenían un gran conocimiento sobre la naturaleza; al observar a los animales, los vinculaban a sus deidades. En especial, asociaban al colibrí con la fertilidad, la vida, el cielo, el sol y los dioses, explicó Mauricio Ruiz Velasco Bengoa, académico del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.
En su pensamiento cosmológico, las aves encarnaban la luz, la fertilidad, la vida del cielo y la energía celeste. Su significado simbólico muestra la conciencia maya de que el universo es una conjunción de contrarios que luchan y armonizan al mismo tiempo”, añadió el también profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Los colibríes son aves que pertenecen a un dios supremo; su nombre en maya yucateco se pronuncia como “ts’unu’um”, una onomatopeya del zumbido de sus alas durante el vuelo.
Es un animal muy particular por su pequeñez, sus plumas iridiscentes de colores metálicos y su forma de volar, ya que puede girar en 180 grados y alcanzar hasta 200 batidos de ala por segundo, características que los mayas observaron con detenimiento.
Su pico, muy largo y acompañado de una lengua tubular con la que poliniza las flores, es una referencia sexual.
En el Libro de Chilam Balam de Chumayel, hay narraciones sobre esta pequeña ave extraordinaria y su asociación con el sol debido a su plumaje con matices rojos.
En otras culturas
En algunos casos de Mesoamérica, el colibrí se relacionó con los dioses. Por ejemplo, Huitzilopochtli, el dios de la guerra de los mexicas, se representa con esta ave debido a su naturaleza territorial y combativa.
Todo comienza con el mito de la diosa mexica Coatlicue, madre de todos los dioses. En un momento, mientras barría, una pluma se alojó en su pecho y quedó embarazada de Huitzilopochtli, quien también está asociado al sol.
Los mayas lo representaron en vasijas, cuevas y otros sitios. Por ejemplo, en la Colección Kerr hay una vasija que muestra una deidad narigona, con nariz fálica, que representa el acto de embarazar a una señora llamada Ixquic. En su tocado, ella lleva una flor de la cual un colibrí sorbe suavemente su néctar.
Es común en la iconografía maya la aparición de esta ave en los tocados de los grandes gobernantes. Un ejemplo es el Dintel 58 de Yaxchilán, Chiapas, donde se representa un colibrí libando del tocado de los gobernantes.