Un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) en colaboración con la empresa de datos de geocomportamiento Dat’s Why, sobre el costo del tráfico 2026, advierte que la congestión vehicular representa un costo de oportunidad de 203 mil 300 millones de pesos anuales en México, una cifra cercana a los 209 mil 998 millones de pesos asignados al transporte en el presupuesto federal de 2026.
El impacto es mayor entre quienes utilizan el transporte público, que pierden más horas en los desplazamientos y concentran una proporción superior de las pérdidas económicas asociadas al tráfico.
Los resultados se obtuvieron de patrones de movilidad de aproximadamente 32.5 millones de personas en 44 zonas metropolitanas del país, por lo que se estima que cada persona pierde, en promedio, 111 horas al año por la congestión, con un costo de oportunidad de 5 mil 645 pesos.
El costo por persona varía considerablemente entre las ciudades analizadas. La Zona Metropolitana del Valle de México encabeza la clasificación, con una pérdida anual estimada de 10 mil 721 pesos por persona; le siguen Puerto Vallarta, con 9 mil 974 pesos, y Guadalajara, con 8 mil 728 pesos. Monterrey ocupa el cuarto lugar, con 8 mil 421 pesos, seguida de Tijuana, con 8 mil 014 pesos.
Despertarse de madrugada, pasar varias horas en el transporte público y regresar a casa después de una larga jornada es parte de la rutina de muchas personas que viven en las periferias de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Para ellas, llegar al trabajo o a la escuela significa invertir buena parte del día en traslados, a lo que se suman otras dificultades, como la inseguridad, la falta de espacios públicos y las diferencias en el acceso a servicios de salud, educación e infraestructura urbana.
Estas condiciones hacen que la experiencia de vivir la ciudad no sea la misma para todos. Mientras algunas zonas concentran servicios y oportunidades, otras enfrentan mayores obstáculos en la vida cotidiana.
Hay otros factores como el acceso limitado a los servicios públicos o la baja calidad de estos, las carencias se manifiestan en calles sin pavimentar, escasez de áreas verdes, infraestructura urbana insuficiente y dificultades para acceder a servicios de salud y educación de calidad.
En algunas colonias, además, la consolidación de los servicios avanza de manera gradual, en función de los recursos disponibles y de las condiciones del territorio.
A estas dificultades se suma el tiempo destinado a los traslados. Debido a que buena parte de las oportunidades laborales, especialmente las mejor remuneradas, se concentra en el centro y el poniente de la metrópoli, muchas personas que viven en la periferia oriente deben desplazarse diariamente para trabajar o estudiar.
Las consecuencias van más allá del tiempo invertido en los desplazamientos. Levantarse a las cuatro o cinco de la mañana para llegar a tiempo al trabajo o a la escuela reduce las horas de descanso y limita el tiempo disponible para la familia, el estudio y la recreación. Así, la distancia entre la vivienda y los principales centros de empleo y servicios termina por afectar la calidad de vida de quienes habitan estas zonas.