Uno de los más firmes opositores del papa Francisco fue Robert Sarah, cardenal de Guinea que, a sus 79 años, está en el límite de edad para participar en el cónclave del que saldrá el sucesor de Francisco.
De acuerdo a herramientas de inteligencia artificial lo colocan con las mayores posibilidades de ser elegido Papa. Sería, además, el primer Pontífice negro en la
historia de la Iglesia católica.
Sarah nació el 15 de junio de 1945 en Ourous, un remoto pueblo en Guinea,
se ordenó sacerdote en 1969; 10 años después, el entonces papa Juan Pablo II lo nombró arzobispo.
En Guinea, Sarah se convirtió en un líder de la resistencia católica, defendiendo sus
preceptos más tradicionales y conservadores, que lo llevó a ser designado secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y, posteriormente, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, encargado de las obras caritativas de la Iglesia.
Mientras que en 2010 fue nombrado cardenal y en 2014, el papa Francisco lo nombró prefecto del Culto Divino.
Sarah es firme opositor a ideas como la de la posibilidad de poner fin al celibato como requisito para la ordenación de sacerdotes, de celebrar matrimonios para personas divorciadas y vueltas a casar, o de dar bendición a uniones gay.
En enero de 2020, anunció la publicación de “profondeurs de nos coeurs” (Desde lo profundo de nuestro corazón) un libro escrito junto a Benedicto XVI en el que se defendía el celibato.
En 2021, Francisco le aceptó a Sarah la renuncia como prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en 2023 el papa firmó la controvertida declaración Fiducia supplicans, que abría la puerta a bendiciones pastorales para parejas del mismo sexo, por lo que Sarah difundió una carta pública acusando la medida como una herejía, ya que consideraba que tales uniones supone una traición a la doctrina católica, una ofensa directa a la voluntad de Dios y a la verdad del Evangelio.
Sarah define su visión de una Iglesia y llama a resistir los vientos del mundo moderno y a regresar a lo que considera una vivencia litúrgica más reverente, silenciosa y tradicional, por lo que tiene de su lado una corriente de la Iglesia crítica a las reformas y que busca una vuelta hacia el tradicionalismo como el cardenal Raymond Leo Burk, otro de los papables.
El nombre de Sarah ha sido asociado por algunos con la profecía de Nostradamus, según la cual, tras la muerte de un Pontífice anciano vendrá uno “de piel oscura” que, con el respaldo de un “gran rey”, entregará la autoridad a otro “de color rojo”. Eso marcaría el inicio de un cataclismo espiritual y el Juicio Final.