Pedro Páramo va por el Ariel

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La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) anunció las nominaciones para los premios Ariel 2025, siendo Pedro Páramo, la ópera prima del director Rodrigo Prieto, la que sumó 16 candidaturas, lo que la convierte en la primera producción de Netflix con esta cifra acumulada para estos galardones.

En la categoría de película iberoamericana fueron nominadas El 47 (España), El Jockey (Argentina), El ladrón de perros (Bolivia) y El lugar de la otra (Chile).

También esta nominada Cocina, de Alonso Ruizpalacios, con 13 menciones, y Sujo de Astrid Rondero y Fernanda Valadez, con 10, informaron las actrices Ana Sofía Gatica y Mónica Huarte, encargadas de anunciar las nominaciones que competirán en la edición número 67 de los premios Ariel, que se celebrarán el próximo 20 de septiembre en Puerto Vallarta, en el estado occidental de Jalisco.

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. La nueva versión cinematográfica de este clásico (que ya había sido llevado a la pantalla en tres ocasiones en 1967, 1976 y en 1981) da inicio con la icónica frase, que de entrada coloca al espectador en el terreno seguro de lo conocido. En resumen, la historia sigue a Juan Preciado (interpretado aquí por Tenoch Huerta, también productor ejecutivo), quien llega al pueblo de su madre tras la muerte de ésta.

Con la consigna de buscar a su padre para reclamar el olvido en el que los dejó después de su nacimiento, Preciado lleva en la mente la idea de un lugar que ya no existe como en las memorias de su madre, pues en su lugar encuentra calles decrépitas y abandonadas. Poco a poco, los encuentros de Juan con habitantes del pueblo (desde el principio en el que se cruza con un arriero que le muestra el camino y las primeras señales de la naturaleza fantasmagórica de esa tierra) se entrelazan con recuerdos del pasado y de la historia de Pedro Páramo y Comala. La cinta sigue casi al pie de la letra los acontecimientos del libro y repite con exactitud buena parte de los diálogos, lo cual puede ser un gran acierto o su principal falla, dependiendo de la perspectiva.

El encargado de liderar esta adaptación es el mexicano Rodrigo Prieto, quien lleva sobre sus hombros no solo las expectativas en torno al libro, sino también respecto a él mismo. Se trata de su primer trabajo como director de un largometraje, luego de consagrarse como uno de los cinefotógrafos más talentosos del mundo haciendo mancuerna con Martin Scorsese en múltiples ocasiones y con cuatro nominaciones a los premios de la Academia estadounidense.

Para esta ocasión, Prieto reunió a un equipo tan estelar como él. En el diseño de producción están Eugenio Caballero (ganador del Óscar por El laberinto del Fauno) y Carlos Y. Jacques (con créditos en 007: Spectre, La sociedad de la nieve y Mozart in the Jungle); para el guion se apoyó en el español Mateo Gil (ganador de varios premios Goya y quién intentó dirigir está adaptación desde hace 20 años), y la música corrió a cargo del reconocido Gustavo Santaolalla (dos veces ganador del Óscar, por Brokeback Mountain y Babel).

Como era de esperarse con un crew así, la película es de un cuidado excepcional. Y, sin embargo, se queda en el espacio liminal de la escenificación y en la autofascinación con los recursos del cine de época.

Al igual que en el libro, en su adaptación se distinguen dos momentos: el primero marcado por la narración de Juan Preciado llegando al pueblo; y el segundo, en el que conocemos el pasado en un vaivén de memorias polifónicas. El hijo olvidado de Páramo llega a un limbo petrificado en el tiempo, en donde las personas se disuelven como ecos.

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