El Chopo, los fantasmas de la otra realidad

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El Museo Universitario del Chopo cumple 50 años de una vida en la que se ha consolidado como un referente en el panorama cultural mexicano. Desde su inauguración, el 25 de noviembre de 1975, ha desafiado al sistema convencional del arte y ha albergado voces emergentes alternativas y experimentales.

Esta trayectoria será celebrada con un programa diverso que se extenderá durante varios meses y que comienza con la inauguración de la exposición retrospectiva Era un árbol y se convirtió en un bosque, el jueves 21 de agosto a las 14 horas.

En conferencia de prensa, Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM; Sol Henaro, directora del Museo Universitario del Chopo, y Karol Wolley, representante del equipo curatorial, explicaron que el programa de actividades conmemorativas no celebra una gestión sino el trabajo de todas las personas que le han dado un distintivo a su paso por la institución.

Beltrán destacó la historia del edificio, muy anterior a que fuera museo y que sigue repercutiendo en su existencia actual. Traído desde Düsseldorf pieza por pieza, utilizado como pabellón japonés durante las fiestas del centenario de la Independencia de México, en la época de Porfirio Díaz, Museo de Historia Natural que contenía osamentas prehistóricas, para luego caer en una etapa de abandono, explicó.

“Afortunadamente en 1975 con la visión que tuvo el rector Soberón, la Universidad toma el Museo en sus manos. A partir de entonces se convierte en este Museo tan vivo, tan ecléctico, tan interesante, que está siempre en diálogo con la comunidad que lo rodea”, añadió.

Señaló también el papel fundamental que desempeñaron algunas figuras que estuvieron al frente de la institución para que avanzara en su misión de inclusión y diversidad, como Elena Urrutia y sus talleres de literatura feminista; Ángeles Mastreta y su programa de artes vivas; Arnold Belkin, quien desata la potencia de las artes visuales en toda su magnitud o José Luis Paredes Pacho, quien abogó por su conexión con la cultura popular, los fanzines, o la cultura LGBTIQ+, entre otros. Sin olvidar el tianguis del Chopo, que tuvo sus inicios en el edificio del Museo.

Sobre la muestra inaugural de los festejos, Wolley comentó: “Para relatar los 50 años del Museo en una exposición, se decidió conformar un seminario en el que participó buena parte del equipo. La investigación colectiva abrevó en los acervos propios: el documental, el histórico, el archivo desobediente, la fanzinoteca y la colección artística. Como era de esperar, esto llevó a ampliar el horizonte de la investigación, llegando a la Hemeroteca Nacional, el archivo del Instituto de Biología, la Filmoteca UNAM o la Fonoteca Nacional, entre otros.

Wolley resaltó que no se trata de una típica exposición cronológica. Se comisionó a la artista Wendy Cabrera Rubio que reimaginara el gabinete de curiosidades, modelo museológico del siglo XVIII que tiene íntima relación con la propia historia del recinto, sobre todo con su pasado de Museo de Historia natural, y que lo conformara con humor, a través de documentos históricos en diálogo con piezas contemporáneas.

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