Crianza en equipo: la importancia del diálogo entre padres

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La crianza de hijos e hijas es una de las responsabilidades más complejas y trascendentales en la vida de una familia. En este proceso, la manera en que los padres se comunican, se coordinan y toman decisiones en conjunto influye directamente en el bienestar emocional, social y psicológico de los infantes y adolescentes.

Un diálogo abierto, respetuoso y constante entre quienes cuidan favorece un desarrollo infantil más seguro y estable.

Cuando existe un diálogo abierto, respetuoso y constante entre los adultos a cargo, se construyen entornos más estables, coherentes y seguros para el desarrollo infantil. Por el contrario, la falta de acuerdos o las contradicciones frecuentes pueden generar confusión, inseguridad y tensiones en el hogar. En consecuencia, resulta fundamental reconocer que la crianza no es una tarea individual, sino una labor compartida que requiere colaboración, empatía y una visión común.

En acuerdo con esta postura, la Dra. Mariana Gutiérrez Lara, de la Facultad de Psicología de la UNAM, en la conferencia “Hablemos de los hijos. Comunicación de pareja para la crianza infantil y adolescente”, destacó la importancia del diálogo frecuente entre padres como eje central para una crianza efectiva y saludable.

Conflictos frecuentes en la pareja (antes y después de tener hijos)

Durante su intervención, la especialista señaló que en muchas ocasiones las parejas no conversan a fondo sobre cómo desean criar a sus hijos antes de tenerlos. Esto conduce a que el aprendizaje de la maternidad o paternidad se dé, en gran medida, a través del método de “ensayo y error”, lo que puede derivar en tensiones y desacuerdos.

A esta situación se añaden problemáticas relacionadas con la economía, la atención que se brindan uno a otro los miembros de la pareja, la falta de tiempo personal y la toma de decisiones cotidianas. Entre estas últimas se encuentran la distribución de las tareas domésticas o la elección del destino para las vacaciones familiares.

Por otro lado, la crianza también es un terreno donde se reflejan las historias personales, las creencias culturales y las expectativas individuales del padre o la madre.

“Por ejemplo, alguien que creció con una disciplina muy estricta podría adoptar una crianza más flexible, mientras que quien sintió una falta de límites podría ahora ser más autoritario. Estas decisiones, aunque tengan buena intención, pueden chocar con las del otro progenitor y provocar tensiones constantes”, mencionó la maestra de la Facultad de Psicología.

Algunos de los primeros conflictos que se dan con la crianza tienen que ver con los hábitos.

Cuando un bebé llega al hogar, las decisiones sobre alimentación, horarios de sueño y rutinas comienzan a generar tensión si no hay acuerdos previos.

Uno puede pensar que dormir con el bebé es necesario para crear un vínculo, mientras el otro considera que eso impide el descanso de ambos y crea dependencia. Conforme el menor crece, las discusiones sobre los hábitos giran en torno a si debe o no dormir temprano, o a los horarios para realizar actividades escolares o de ocio, entre otros temas.

Aunque parezcan triviales, estas diferencias impactan en la vida cotidiana y en la forma de ejercer el rol parental.

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