“Bolsas de nicotina”, más adictivas que el tabaco

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Aunque hay quienes consideran que las llamadas “bolsas de nicotina” sirven de reemplazo para dejar de fumar cigarros, no son una alternativa, pues existe la posibilidad de generar una nueva adicción por su contenido de nicotina y otras sustancias químicas, afirma especialistas.

Señalan que las bolsas de nicotina”  son conocidas también como productos modernos de nicotina oral, de tamaño pequeño –uno por dos centímetros–, rellenas de diferentes fibras, por lo general vegetales, empapadas en nicotina que la mayoría de las veces es sintética.

Se han encontrado algunas que contienen nitrosaminas –compuestos químicos contaminantes con alto potencial cancerígeno–, aromatizantes, saborizantes y metales pesados como cromo.

Son similares a una pequeña bolsa de té. Para su consumo se colocan entre el labio superior y la encía donde la nicotina es absorbida; al hacerlo a través de la mucosa bucal y de la circulación sanguínea se distribuye por todo el organismo, añadió.

Los estudios disponibles muestran un aumento sostenido en su uso, en especial en jóvenes. En la actualidad Europa del Norte, Reino Unido y Estados Unidos (EUA) concentran gran parte del mercado, aunque su presencia crece en América Latina.

Los países nórdicos reportan prevalencias de hasta 20 por ciento en adultos jóvenes. Mientras que en EUA su consumo en adolescentes va en ascenso.

Las “bolsas de nicotina” surgieron en Europa, a principios de la década de 2010, como derivación del snus sueco e impulsadas por empresas tabacaleras que buscaban nuevas formas de expansión frente a restricciones al tabaco combustible. Su crecimiento se aceleró a partir de 2017 con el ingreso de marcas globales.

Los expertos señalan que de acuerdo con la marca tienen concentraciones que van de tres a 50 miligramos de nicotina, por lo que al mantener las “bolsitas” en la boca en promedio 30 minutos, producen aftas o úlceras; abscesos periodontales que pueden llevar a la pérdida de dientes, gingivitis o inflamación de las encías, además de que modifican totalmente la microbiota y la composición de la saliva.

Cuando la nicotina llega al cerebro genera dopamina, un neurotransmisor que producimos ante estímulos placenteros y de bienestar, por ejemplo al comer, escuchar música de nuestro agrado o ver una obra de arte que nos agrada. En este caso el placer es doble: la nicotina y el sabor del que vienen acompañadas las hace más adictivas.

Mientras se trae en la boca, la saliva que se deglute pasa por el aparato digestivo y sus efectos podrían originar inflamación en el estómago, dolor abdominal, gastritis, colitis y erosión de la mucosa gástrica. Pero también es importante mencionar sus repercusiones sustanciales a nivel cardiaco, pudiendo provocar un infarto al miocardio o un evento vascular cerebral (embolia).

Se comercializan como productos sin tabaco ni humo; al carecer de una regulación pueden comprarse en tiendas de conveniencia donde se colocan cerca de las cajas registradoras, junto a los dulces y golosinas, y cualquier menor de edad tiene acceso a ellas sin que se les niegue su venta.

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