Cacao en peligro: mosquitos polinizadores amenazados por actividad humana

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Cuando pensamos en el chocolate, rara vez imaginamos a los pequeños héroes que lo hacen posible mucho antes de que llegue a nuestras manos: unos mosquitos diminutos, casi imperceptibles a simple vista. Sin embargo, están amenazados por el cambio climático, los fertilizantes (que pueden alterar el equilibrio ecológico) y los plaguicidas e insecticidas.

Estas pequeñas mosquitas, conocidas como jejenes o midges, pertenecen a la familia Ceratopogonidae (dípteros). Aunque son mucho más pequeñas que las abejas —mientras una abeja promedio mide unos 12–15 mm, estos insectos apenas alcanzan 1–3 mm—, juegan un papel esencial en la polinización del árbol de cacao (Theobroma cacao), cuyas flores son tan pequeñas y complejas que solo insectos de este tamaño pueden acceder a ellas para trasladar el polen de una flor a otra.

Theobroma cacao significa “alimento de los dioses”, por eso no podría ser cultivado tan fácilmente, dijo Alejandra Alvarado Zink, bióloga del Universum, Museo de las Ciencias.

Generalmente, en los árboles como los perales o los cerezos, las flores nacen de las ramas nuevas. Sin embargo, en el caso del cacao, las flores pueden crecer tanto en el tronco como en las ramas viejas.

“En zonas de cultivo de cacao, se puede observar el tronco con flores blancas o rosadas: a este fenómeno se le conoce como caulifloría”, añadió la académica universitaria.

A diferencia de muchas flores comunes, las flores del cacao tienen una estructura muy pequeña y compleja. Tienen pétalos y unos pequeños filamentos llamados estambres (parte masculina de la flor), encargados de producir el polen necesario para que la flor se reproduzca.

Por su tamaño diminuto y su forma complicada, solo insectos muy pequeños, como los jejenes (midges), pueden acceder a las flores para mover el polen de una a otra. El pistilo, la parte femenina de la flor, es quien recibe el polen y funciona como el “receptor” para que se forme la semilla. La flor del cacao tiene una estructura especial: sus pétalos y estambres están colocados de tal forma que forman una especie de reja alrededor del pistilo, donde debe ocurrir la polinización.

El polen del cacao es pegajoso y pesado, por lo que no puede ser transportado por el viento. Además, muchas variedades presentan autoincompatibilidad, por lo que no pueden fecundarse a sí mismas con facilidad. Las abejas tampoco suelen ser polinizadoras efectivas: la flor es demasiado pequeña y delicada, y su tamaño dificulta el acceso adecuado al polen.

Es aquí donde entran en acción los diminutos mosquitos polinizadores, capaces de atravesar la “reja” de estambres, atrapar el polen y depositarlo exactamente en la zona del pistilo donde puede fertilizar la flor. Gracias a estos pequeños insectos, el cacao puede reproducirse y, eventualmente, convertirse en el chocolate que conocemos.

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