Durante siglos hemos creído que la felicidad se siente en el corazón, pero la realidad es que se procesa y se percibe en el cerebro. Cada vez que disfrutamos de una comida deliciosa, escuchamos una canción favorita o hacemos ejercicio, sentimos placer gracias al circuito de recompensa.
Este sistema, también es conocido como circuito mesolímbico cortical porque involucra al sistema límbico, el mesencéfalo y la corteza cerebral, explicó Herminia Pasantes, investigadora del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, en entrevista para UNAM Global.
En sus inicios, los científicos que lo descubrieron lo llamaron circuito del placer, pero más tarde se renombró con un término más riguroso. Sin embargo, para la investigadora emérita podría considerarse como el circuito de la felicidad.
Los científicos que lo encontraron experimentaban sobre otra cuestión con ratas, y por un error mecánico identificaron el circuito de recompensa.
En su sistema, una rata apretaba una palanca y cuando sentía un estímulo recibía una recompensa. Un día, por un error milimétrico del aparato estereotáxico (mete los electrodos sin dolor al cerebro), observaron que el roedor apretaba la palanca frenéticamente, ya no le importaba si recibía o no la recompensa, porque se estaba autoestimulando justo en el circuito de recompensa.
Claro, añadió la investigadora universitaria, se dieron cuenta de la importancia del descubrimiento y empezaron a meter electrodos en diferentes zonas del cerebro.
Y cuando ponían el aparato en otra zona, la rata apretaba la palanca y no recibía recompensa, ya no lo volvía a apretar. Así, identificaron con los electrodos las partes del cerebro que le daban esa especie de felicidad al roedor.
“Así descubrieron el circuito de recompensa que está formado por dos núcleos cerebrales y la corteza prefrontal”. Herminia Pasantes, investigadora emérita, Instituto de Fisiología Celular, UNAM.