Cuando un perro mira el rostro de una persona, su cerebro no procesa todas las expresiones faciales de la misma manera. Un estudio publicado en iScience encontró que los patrones de actividad cerebral de los perros permiten diferenciar algunas expresiones humanas y, en determinados casos, distinguir incluso entre expresiones negativas como el miedo, la tristeza y el enojo.
El hallazgo aporta evidencia sobre cómo el cerebro canino procesa las señales sociales de las personas. Pero hay una diferencia importante entre detectar que el cerebro responde de manera distinta ante dos expresiones y saber exactamente qué significado les atribuye el animal.
En el primer experimento, ocho perros observaron fotografías de personas desconocidas con expresiones felices o neutras. Los rostros felices provocaron una mayor actividad en una región de la corteza temporal derecha, que se extendía hacia el núcleo caudado, una estructura relacionada, entre otras funciones, con el procesamiento de información social y los mecanismos de recompensa.
Esto sugiere que las expresiones felices tienen una relevancia particular para los perros, aunque el resultado no permite saber si los animales se sintieron felices al verlas.
En el segundo experimento participaron otros 12 perros, que observaron rostros con cuatro expresiones: felicidad, enojo, miedo y tristeza. Los investigadores analizaron sus patrones de actividad cerebral mediante un sistema de aprendizaje automático.
Primero estudiaron la región identificada en el experimento anterior. Allí, el sistema pudo distinguir las respuestas asociadas con los rostros felices de las provocadas por cada una de las tres expresiones negativas. Sin embargo, no pudo diferenciar de manera significativa las tres expresiones negativas entre sí.
Después ampliaron el análisis a todo el cerebro. El resultado fue distinto: los patrones de actividad permitieron diferenciar las respuestas ante los rostros de miedo de las respuestas ante los rostros enojados y tristes. En cambio, no fue posible distinguir de manera significativa entre enojo y tristeza.
Dicho de forma sencilla: el cerebro de los perros no solo mostró una diferencia entre rostros felices y rostros negativos. También aparecieron diferencias entre algunas de las expresiones negativas.
Eso no significa que exista una “zona del enojo”, una “zona de la tristeza” o una “zona del miedo” en el cerebro del perro. Tampoco permite saber si el animal interpreta esas expresiones con el mismo significado emocional que les damos los seres humanos.