Rey Destroyer tenía 22 años cuando, a principios de marzo de 2024, sufrió una caída durante una función de lucha libre en Monterrey. Tras caer sobre la lona, logró reincorporarse, pero se desvaneció segundos después. Fue trasladado a un hospital, donde permaneció internado durante varios días. Sus compañeros organizaron actividades para ayudar a su familia a cubrir los gastos médicos. El luchador murió el 12 de marzo, después de las lesiones sufridas en el cuadrilátero.
El caso de Rey Destroyer muestra lo que puede ocurrir cuando un accidente se presenta en un oficio en el que la protección laboral resulta insuficiente para muchos de sus integrantes. Una lesión no solo puede poner en riesgo la salud de un luchador: también puede representar un problema económico para él y su familia y afectar su posibilidad de continuar trabajando.

Para comprender las condiciones laborales de los luchadores es necesario entender que la lucha libre mexicana funciona como un mercado laboral segmentado, en el que conviven las grandes empresas y las promotoras independientes, explicó Juárez Gutiérrez.
En las empresas existen diferentes modalidades de contratación. Algunos luchadores mantienen vínculos continuos con una compañía, mientras que otros son convocados únicamente para determinadas funciones, son frecuentes los acuerdos informales y de palabra: los luchadores reciben fechas para participar sin que necesariamente exista un contrato escrito que establezca con claridad sus condiciones laborales.

La posición que ocupa cada luchador dentro de una función constituye otro elemento determinante. El trabajo se organiza mediante un escalafón en el que existen preliminaristas, semifinalistas y estelaristas. Las luchas preliminares suelen ofrecer espacios a quienes comienzan su trayectoria o cuentan con menor reconocimiento, aunque la posición en la cartelera no corresponde de manera automática con los años de experiencia.
La precariedad económica puede incluso llevar a algunos a ocultar o minimizar sus lesiones para no perder fechas de trabajo, detenerse significa dejar de percibir ingresos y, en un mercado caracterizado por la inestabilidad, una ausencia prolongada puede traducirse en pérdida de espacios y visibilidad.

Además, la precariedad no afecta exclusivamente a los luchadores. La lucha libre depende de numerosos trabajadores: quienes instalan y mantienen los cuadriláteros, el personal de audio y video, los réferis y los anunciadores. Sus condiciones también forman parte del funcionamiento de esta industria.
Detrás de cada función existe una red de trabajadores que sostiene una tradición ampliamente reconocida, pero cuyas condiciones pueden estar marcadas por la inestabilidad, los bajos ingresos, la falta de protección efectiva y los riesgos físicos.

Reconocer su labor requiere generar condiciones que les permitan continuar ejerciendo y transmitiendo este oficio, acceder a sus derechos y construir una trayectoria dentro y fuera del ring.
