Frankenstein: la criatura que aprendió a odiar

Vistas: 11

Publicada de manera anónima en 1818 con el título Frankenstein o el moderno Prometeo, la primera novela de Mary Shelley suele recordarse por la criatura construida con restos humanos. Sin embargo, el verdadero horror de la historia no está únicamente en el momento en que un cuerpo sin vida abre los ojos, sino en lo que sucede después: su creador contempla el resultado del experimento, se aterroriza y lo abandona.

Mary Shelley concibió la obra cuando todavía no cumplía veinte años. Era hija de William Godwin, filósofo y pensador político, y de Mary Wollstonecraft, una de las precursoras del feminismo moderno. Durante el verano de 1816, mientras se encontraba cerca del lago de Ginebra con Percy Bysshe Shelley, Lord Byron y otros acompañantes, participó en el célebre desafío de escribir una historia de fantasmas. De aquella experiencia surgió una obra que reunió el relato gótico con las inquietudes científicas, filosóficas y sociales de su tiempo.

Comienza con la amenaza de la criatura contra Víctor Frankenstein, su creador y verdugo. Desde ese momento queda establecida la relación que sostiene toda la historia: ambos están unidos por la vida que uno dio y por el abandono que el otro padeció.

La adaptación conserva el relato de Robert Walton, capitán de una expedición rumbo al Polo Norte que encuentra a Víctor exhausto y casi congelado mientras persigue a un ser de proporciones gigantescas. Rescatado por la tripulación, Frankenstein decide contar su historia como una advertencia contra la ambición que también domina al explorador.

Víctor es presentado como un científico brillante de la Universidad de Ingolstadt, inconforme con los límites del conocimiento. Para descubrir el principio de la vida estudia la muerte, profana sepulcros y reúne fragmentos de distintos cuerpos. Después de dos años de aislamiento consigue animar a la criatura, pero la rechaza en cuanto contempla sus ojos vidriosos, su piel amarillenta y sus facciones desproporcionadas.

El experimento termina en ese instante; la responsabilidad, en cambio, apenas comienza. Víctor huye sin preguntarse qué ocurrirá con el ser al que ha dado vida. La criatura despierta sin nombre, sin lenguaje y sin alguien que la proteja. Aprende a distinguir la luz de la oscuridad, descubre el hambre, el frío y el dolor, e intenta acercarse a los seres humanos, pero su apariencia provoca miedo y violencia.

Oculta cerca de la vivienda de una familia francesa, la criatura observa los afectos que unen a sus integrantes. Aprende a hablar y a leer mientras ellos enseñan el idioma a Safie, una joven extranjera. También conoce la historia de las sociedades, sus religiones, sus desigualdades y la importancia que los hombres conceden a la riqueza y al origen familiar.

La lectura de El paraíso perdido le permite comparar su existencia con la de Adán y Satanás. Como Adán, fue creado sin participar en su propio nacimiento; pero, a diferencia de él, no recibió protección ni compañía. En Satanás reconoce la envidia y el resentimiento de quien se sabe apartado de toda felicidad. El conocimiento no mitiga su soledad: la vuelve más consciente y dolorosa.

Cuando intenta presentarse ante la familia que ha observado, el anciano ciego lo escucha con compasión, pero los demás reaccionan con terror y lo atacan. Ese nuevo rechazo destruye su esperanza de convivir con los seres humanos. La criatura no nació violenta, pero aprende la violencia en el trato de quienes sólo ven en ella un monstruo.

A partir de entonces decide vengarse de Víctor. Mata a William, el hermano menor del científico, y coloca una miniatura entre las ropas de Justine Moritz, quien es condenada por un crimen que no cometió. Más adelante enfrenta a su creador y le exige una compañera semejante a él, con la promesa de desaparecer junto con ella y mantenerse lejos de la humanidad.

Víctor acepta, pero destruye el segundo cuerpo antes de darle vida. Teme que ambos seres puedan reproducirse, rechazar el acuerdo o convertirse en una amenaza mayor. Con ese acto anula la última esperanza de la criatura, que responde asesinando a Henry Clerval y cumpliendo su advertencia de acompañar a Frankenstein durante su noche de bodas.

Creador y criatura terminan reflejándose uno en el otro. Ambos pierden a quienes aman, viven consumidos por la culpa y convierten la venganza en el único propósito de su existencia. Víctor persigue al ser que creó hasta las regiones heladas donde Walton lo encuentra; la criatura, por su parte, reconoce finalmente que los asesinatos no disminuyeron su sufrimiento y anuncia que desaparecerá entre las llamas de su propia pira funeraria.

Happy
Happy
0
Sad
Sad
0
Excited
Excited
0
Sleepy
Sleepy
0
Angry
Angry
0
Surprise
Surprise
0