La incuestionable levedad del ser… Feliz Dia del Niño

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Cuantas veces de niño te preguntaste ¿Cuándo seré grande para ya poder hacer lo que yo quiera? Y cuantas veces más te nació la interrogante ¿Qué se sentirá tener barba y bigote?, y así pasaron los años y te hiciste adolescente, luego adulto… adulto mayor.

Al transcurso de los años y las décadas la opinión sobre cuál es la mejor etapa del hombre, siempre sigue siendo la misma, “la infancia”, y es porque en ese pequeño mundo, donde todo era posible, la felicidad venia aparejada de la hermandad, la camadería, el gozo, la solidaridad, la empatía y la amistad sincera.

En la niñez no había mujer más bella que tu madre, no había hombre más sabio que tu padre, no había guerrero más incansable que tu hermano mayor, pero el que se llevaba todo, el que ganaba la lotería y te hacia sentir orgulloso era tu amigo, aquel que tenía una infinidad de defectos y solo una cualidad, ser tu camarada del alma… ser más que tu hermano.

En los barrios bajos y colonias populares de aquellos ayeres, en el “México de mis amores” era muy común ver a chicos jugando en las calles sin pavimentar y charcos de lodo; bote pateado, a las escondidas, el trompo, el balero, el yoyo, y a las niñas jugar el resorte y cargar sus muñecas.

Ese México que, alguna vez Luis Buñuel retrato como un México bronco en la película “Los olvidados” se trasformó en la década de los 80´s cuando niños y niñas tomaron por asalto las calles, los locales de videojuegos (la novedad en esa época), y las convirtieron en pistas de patinajes, circuitos para andar en bici y salir volando con sus avalanchas.

A los patines solo podían acceder los que tenia varo, a las muñecas barbies solo las adineradas, y a los muñecos Transformers solo los fifis como decía un presidente.

Y así se iban las horas y horas jugando en las calles mientras los padres se iban a trabajar. La chamacada le paraba cuando comenzaba la barra infantil en la televisión, con el Tío Gamboin, el Gato GC, los Picapiedras, los Rescatadores, las Aventuras de Tom Sayer, y tantas y tantas caricaturas que hacían volar la imaginación.

Las mamás que hacían la función de ama de casa se chutaban todas las telenovelas del canal 2, “Rosa Salvaje”, “Cuna de Lobos”, “La Picara Soñadora”, “Quinceañera”, “Senda de Gloria”, y suspiraban por los galanes, Sergio Goyri, Ernesto Laguardia, Sebastián Ligarde, César Evora.

Los papas se deleitaban la pupila con Wanda Seux, La Tigresa, las rítmicas caderas de Tongolele, Sasha Montenegro, Lyn May y Maribel Guardia.

En la música “el sembrado de amor” de Joan Sebastián sonaba en la radio, “la Maldita Primavera” de Yuri, “De Color de Rosa de Rosa” de Prisma, “Él me mintió” de Amanda Miguel, y las potentes voces de Juan Gabriel y José José.

Por eso si alguna vez te has preguntado donde quedaron todas esas anécdotas que de niño fuiste construyendo al lado de tus amigos, vecinos y hermanos, la respuesta está en la nostalgía, en los recuerdos, en lo que alguna vez Roberto Carlos plasmo en una canción “Tengo a veces deseos de ser nuevamente un chiquillo y en la hora que estoy afligido volverte a oír, de pedir que me abraces y lleves de vuelta a casa, que me cuentes un cuento bonito y me hagas dormir”.

Feliz día del niño.

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