Italia 90… Codesal, Goycochea y la falta de goles

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La Copa Mundial de la FIFA Italia 1990 fue la decimocuarta edición de la Copa Mundial de Fútbol. Se desarrolló en Italia, entre el 8 de junio y el 8 de julio de 1990.

Italia se convirtió en el segundo país en celebrar una Copa Mundial en dos ocasiones distintas, ya que había organizado el torneo en 1934. Un total de 24 selecciones nacionales participaron en el evento, en donde hubo varias sorpresas, como la participación de Camerún, que se convirtió en el primer equipo africano en llegar a los cuartos de final, llegando su colectivo a ser conocido como «los leones indomables». La final fue jugada por segunda vez consecutiva por Argentina y Alemania Federal, poco antes de su unificación con Alemania Democrática. Ganaron los alemanes por 1-0 gracias a un polémico penal pitado por el uruguayo nacionalizado mexicano Edgardo Codesal Méndez en el minuto 83.

Décadas más tarde, Codesal se defendió justificando que su decisión fue la correcta, sin embargo el jugador alemán Lothar Matthäus argumentó que la falta estuvo mal cobrada.

Algunos periodistas y analistas deportivos lo han considerado como el mundial con el peor nivel futbolístico de entre todos los realizados,​ producto de las reglas de juego de la época que favorecían a los equipos que buscaban evitar el desarrollo del juego antes que proponerlo, mediante acciones como faltas reiteradas y violentas a los atacantes, demoras en la reanudación del juego, permisividad de los árbitros para hacer respetar el reglamento y búsqueda del empate antes que la victoria.

Consecuencia de lo anterior fue el hecho de que esta edición tuvo la media de goles más baja de todos los mundiales: 2,21 por partido. Debido a esto, la FIFA decidió hacer diversas reformas a las reglas que favorecieran al desarrollo del juego y castigara fuertemente a quien buscara entorpecerlo, ​ a aplicar desde el próximo mundial, entre las cuales destacan el otorgamiento de 3 puntos por victoria y la decisión de prohibirle a los arqueros tomar el balón con las manos tras recibir un pase de un compañero.

Para Italia esta copa comenzó con un escenario sombrío para el equipo de Carlos Bilardo tras la derrota ante Camerún. Sin embargo, el destino del arco nacional cambió drásticamente durante el segundo partido frente a la Unión Soviética, cuando Nery Pumpido sufrió una fractura.

Sergio Javier Goycochea, entonces portero de Millonarios de Colombia, ingresó al campo sin imaginar que se convertiría en el protagonista absoluto. Su perfil bajo y su falta de rodaje previo en el certamen no daban pistas sobre la gesta que estaba a punto de protagonizar.

El equipo argentino avanzó a la fase de eliminación directa con dificultades futbolísticas, pero con una solidez anímica creciente. Tras vencer a Brasil en octavos de final, el conjunto nacional debió enfrentar a Yugoslavia en una instancia que definiría el futuro del plantel.

Fue en los cuartos de final donde la figura de «Goyco» emergió con una fuerza inusitada para detener los envíos desde el punto penal. Sus movimientos elásticos y su intuición para adivinar las intenciones del ejecutor permitieron que Argentina se metiera entre los mejores.

Según describe la revista El Gráfico en sus ediciones especiales de julio de 1990, la técnica de Goycochea se basaba en la potencia de sus piernas. Esa explosividad le permitía llegar a pelotas que parecían inalcanzables para cualquier portero convencional de la época.

Incluso Diego Maradona, capitán del equipo, reconoció públicamente que la seguridad brindada por Sergio fue el motor que impulsó a un plantel diezmado. La confianza que transmitía desde el fondo permitía al resto de los jugadores enfocarse en sostener el resultado adverso.

La final en Roma contra Alemania Federal presentó un desafío distinto, donde un penal polémico cobrado por Edgardo Codesal sentenció el encuentro. Goycochea estuvo a centímetros de desviar el remate de Andreas Brehme, pero el balón entró rozando el poste derecho del arco.

A pesar de la derrota en el último partido, el reconocimiento para el arquero fue unánime por parte de la prensa internacional y los aficionados. Fue incluido en el equipo ideal del torneo, superando a nombres consagrados como Walter Zenga o el belga Michel Preud’homme.

Hoy, la figura de Sergio Goycochea sigue vinculada a la mística de los penales, siendo consultado frecuentemente sobre la psicología del puesto. Su legado permanece intacto como el hombre que, con guantes prestados por el destino, llevó a su país a una final inesperada.

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