Un mono araña bebé aparece abrazado a un peluche en una casa, pero antes vivió un proceso largo y violento: para capturar viva a una cría suelen matar primero a la madre, y otros animales mueren en el camino. Lo vendido es sólo el último tramo de esa cadena.
Esto ocurre en el comercio mundial de fauna capturada en la naturaleza, y México no es la excepción: aves, reptiles, mamíferos y otras especies se venden en mercados, carreteras y redes sociales para quien busca una mascota distinta, sin saber su verdadero costo.

Los animales silvestres no están hechos para vivir en una casa: sufren estrés, enfermedades y desnutrición, y mueren antes de tiempo. Su cercanía con las personas facilita contagios, y su extracción altera el equilibrio de la naturaleza.
El tráfico de fauna silvestre daña a los animales, la salud humana y el entorno natural, y frenarlo exige no comprarlos.
Un mono bebé abrazado a un peluche en la esquina de una sala puede parecer una escena tierna. Sus manos pequeñas se aferran con fuerza al primer objeto suave que encuentra, y quien lo mira podría pensar que sólo necesita cariño, alimento y un poco de paciencia para adaptarse a su nuevo hogar.
Lo que no se ve es todo lo que tuvo que ocurrir antes de llegar ahí. Ese mono no nació huérfano. En la selva, los monos araña (Ateles geoffroyi) pasan prácticamente toda su infancia adheridos al cuerpo de su madre. Para obtener una cría viva, los captores suelen disparar primero a la hembra adulta que la transporta; tras el disparo, la cría cae junto con el cuerpo de la madre.
Algunas mueren en el impacto; otras sobreviven lo suficiente para ser vendidas (Rodríguez-Luna et al., 1996). Para obtener 29 crías de mono araña debieron morir 60 individuos adultos; es decir, casi 100 animales silvestres desaparecieron en el proceso.

El cálculo funciona así: de 40 crías capturadas sobrevivió el 72.5 % —29 individuos—. Para conseguirlas, murieron 40 madres, y otros 20 individuos resultaron afectados durante el procedimiento de captura —por ejemplo, machos adultos de la población, también alcanzados por la violencia de los captores—.
Cabe señalar que, de los 29 monos capturados, no todos sobreviven hasta el punto de venta: algunos mueren durante la captura, el cautiverio temporal, el traslado o en los lugares de venta. El animal que finalmente aparece en una casa es sólo el último eslabón visible de una cadena mucho más larga. El mono araña es una especie de gran valor comercial, debido a su popularidad y alta demanda —nacional e internacional—, principalmente como mascota (Rodríguez-Luna et al., 1996).