Del mariachi al Día de Muertos

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La identidad nacional tampoco permanece inmóvil. Algunos símbolos pierden fuerza mientras otros adquieren mayor relevancia.

Un ejemplo es el Día de Muertos. Aunque se trata de una celebración con una larga historia y distintas expresiones, durante el siglo XX fue incorporada por los gobiernos posrevolucionarios como una tradición asociada con lo popular mexicano.

Actualmente, considera el especialista, el Día de Muertos tiene una fuerza extraordinaria como símbolo de mexicanidad, incluso a nivel internacional.

La industria cultural y el mercado también participan en este proceso. La representación de México en películas y productos culturales puede contribuir a que ciertos elementos cobren nueva fuerza e incluso a que aparezcan nuevas formas de celebrar tradiciones.

Esto no significa que una tradición sea falsa por haber cambiado o adquirido nuevas expresiones. Por el contrario, demuestra que las identidades culturales son dinámicas.

Lo mismo ocurre con símbolos como el mariachi. Aunque es uno de los elementos más reconocibles de México, su importancia relativa puede cambiar con el tiempo, mientras otras expresiones culturales adquieren mayor presencia.

Los símbolos nacionales también pueden conservar su forma mientras cambia lo que significan. Los colores verde, blanco y rojo de la bandera mexicana tienen su origen en el Ejército Trigarante. En un primer momento, su significado estaba relacionado con las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad, en consonancia con el contexto religioso de la época.

Posteriormente, esos colores adquirieron otros significados relacionados con la independencia y la historia nacional. Este ejemplo permite observar cómo un mismo símbolo puede conservarse mientras su contenido se transforma.

Lo mismo sucede con la comida. El pozole se ha convertido en uno de los platillos asociados con las celebraciones patrias, particularmente con la noche del 15 de septiembre. Sin embargo, no existe una razón esencial por la que tenga que ser el alimento de la celebración.

Su presencia también puede explicarse por cuestiones prácticas: es un platillo que puede prepararse para muchas personas y que forma parte de distintas tradiciones familiares.

Los cambios en la identidad nacional también están relacionados con las transformaciones sociales. Durante las décadas de 1920 y 1930, México vivió un fuerte periodo nacionalista, impulsado por el contexto posterior a la Revolución y por las políticas de los gobiernos de la época.

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