Allende, tras haber recibido noticias sobre la denuncia de la conspiración y la subsecuente captura de algunos de sus miembros, había abandonado el pueblo de San Miguel El Grande con rumbo a Dolores, llegando alrededor de las 6 de la tarde del jueves 13 de septiembre.
Para ese momento, tanto Hidalgo como el capitán decidieron esperar hasta el viernes 14 para saber si tuvieron noticias con respecto a los eventos que se comenzaban a desarrollar. La noche del sábado 15, Aldama se encontraba asistiendo a un baile en casa de José Allende, hermano de Ignacio, cuando se enteró por boca del alcalde Ignacio Pérez, enviado por la corregidora, de que la conspiración había sido descubierta y sus arrestos eran inminentes; por lo que decidieron ambos enfilar rumbo hacia Dolores, llegando cerca de la madrugada a la casa parroquial para anunciarle tanto a Hidalgo como a Allende lo sucedido.
Ante esto, ambos militares despertaron a Hidalgo y le comunicaron las noticias, urgiéndole al clérigo a tomar providencias y huir cuanto antes a los Estados Unidos. Hidalgo, con el fin de calmarlos y planear con cuidado el rumbo a seguir, les invitó a tomar una taza de chocolate.
Tras haber terminado con la bebida, Hidalgo mandó llamar a algunos de sus seguidores y pronunció lo siguiente: «¡Caballeros, somos perdidos! No nos queda más remedio que ir a coger gachupines». Desatendiendo las protestas de Aldama para pensar mejor las cosas, y viendo que se habían finalmente reunido en casa del párroco un total de 15 a 16 de sus seguidores, entre alfareros, artesanos y veladores, mandó a que estos reunieran armamento que tenían almacenado en sus talleres y se dirigió a la prisión del pueblo para liberar a un total de 50 reos.
Después de eso, se dirigieron a los cuarteles del Regimiento de la Reina, de donde tomaron espadas y algunos miembros se les unieron con su armamento, para luego dividirse entre Hidalgo y Allende para reunir y arrestar a todos los españoles del pueblo.
Finalmente, a las 5 de la mañana, Hidalgo ordenó al campanero que llamase a la misa que se debía de oficiar a esa hora, usando la campana de la parroquia. Reunida buena parte de la población en el atrio de la iglesia, Hidalgo lanzó el ya famoso Grito de Dolores, comenzando formalmente la guerra de Independencia.